
La Orden Bonaria se nutre del ideal caballeresco, y el Caballero nace de una vocación de Amor.
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La tarea actual de la caballería debe ser que, en nombre del Amor y de la Caridad, defendamos a los infelices, a los pobres, a los hambrientos, a los oprimidos, a los perseguidos, a los exiliados y a los refugiados o, simplemente, que sigamos siendo bienhechores en nuestras palabras y pensamientos, incluso ante los que puedan ofendernos, perjudicarnos o calumniarnos. Como no podemos sondear los corazones, ignoramos las miserias ocultas de los demás y tenemos que perdonar. Si obramos con rigor, ¿cómo podremos esperar para nosotros la misericordia de la Justicia Suprema?. Y, si somos críticos con los demás
y con nuestros adversarios, nos hará falta un buen capital de misericordia para con nosotros.
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Nada afligiría más que ver a un Caballero de la Orden comportándose como un hombre malévolo del mundo profano. La caballería es un combate que comienza en nosotros. Uno de sus objetivos es extirpar el odio de nuestro corazón, la intolerancia de nuestros pensamientos, el despreciable rencor de nuestra actitud, la murmuración de nuestras palabras. Todas estas taras son signos de estrechez y debilidad espiritual, de falta de inteligencia, porque ella debe llevarnos al convencimiento de la bondad. De ninguna manera son compatibles con la nobleza interior del Caballero.
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Ésta debe ser la labor actual de una caballería viva: promover una Beneficencia activa y universal al servicio de la Verdad; ejercer una Caridad verdaderamen
te cristiana hacia todos los seres, sean quienes sean, ya que una caridad que distingue a sus favoritos no es Caridad. Y nos dirigimos según el Código, obtenemos la fuerza del silencio y la esperanza, encontramos la Vida en la Muerte y, apartando todo lo que nos encadena y nos aliena, nos elevamos en la Unidad.
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El honor, la honra y la fe fueron las grandes y poderosas motivaciones de anteriores siglos: mantengamos esos principios eternos; mantengamos la exigencia y la lealtad al compromiso como Caballeros para que nadie, ni uno mismo, pueda demandarlos.
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Recibid el abrazo en Cristo.
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La tarea actual de la caballería debe ser que, en nombre del Amor y de la Caridad, defendamos a los infelices, a los pobres, a los hambrientos, a los oprimidos, a los perseguidos, a los exiliados y a los refugiados o, simplemente, que sigamos siendo bienhechores en nuestras palabras y pensamientos, incluso ante los que puedan ofendernos, perjudicarnos o calumniarnos. Como no podemos sondear los corazones, ignoramos las miserias ocultas de los demás y tenemos que perdonar. Si obramos con rigor, ¿cómo podremos esperar para nosotros la misericordia de la Justicia Suprema?. Y, si somos críticos con los demás
y con nuestros adversarios, nos hará falta un buen capital de misericordia para con nosotros..
Nada afligiría más que ver a un Caballero de la Orden comportándose como un hombre malévolo del mundo profano. La caballería es un combate que comienza en nosotros. Uno de sus objetivos es extirpar el odio de nuestro corazón, la intolerancia de nuestros pensamientos, el despreciable rencor de nuestra actitud, la murmuración de nuestras palabras. Todas estas taras son signos de estrechez y debilidad espiritual, de falta de inteligencia, porque ella debe llevarnos al convencimiento de la bondad. De ninguna manera son compatibles con la nobleza interior del Caballero.
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Ésta debe ser la labor actual de una caballería viva: promover una Beneficencia activa y universal al servicio de la Verdad; ejercer una Caridad verdaderamen
te cristiana hacia todos los seres, sean quienes sean, ya que una caridad que distingue a sus favoritos no es Caridad. Y nos dirigimos según el Código, obtenemos la fuerza del silencio y la esperanza, encontramos la Vida en la Muerte y, apartando todo lo que nos encadena y nos aliena, nos elevamos en la Unidad..
El honor, la honra y la fe fueron las grandes y poderosas motivaciones de anteriores siglos: mantengamos esos principios eternos; mantengamos la exigencia y la lealtad al compromiso como Caballeros para que nadie, ni uno mismo, pueda demandarlos.
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Recibid el abrazo en Cristo.
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Fr.+ José M. Merello O.B+J
Coronel de la
Guardia de Honor de Alabarderos y Coronelía de Nuestra Señora
Marqués de San Hilario y Merella
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