Wednesday, January 10, 2007

COLECCIÓN DYARKHÈS: VOLUMEN XI.

Este viernes, saldrá el Volumen XI, sobre la historia de Luis XIV,el Rey Sol.Mitad francés, mitad español, cruce genético de las dos grandes dinastías rivales de Europa. Hijo de Luis XIII, llamado también el Rey justo, y de Ana de Austria, infanta española pintada por Velázquez, hija de Felipe III y nieta de Felipe II, el rey Luis XIV llena, a través de su largo reinado –1638-1715—, casi un siglo que se llamaría con su nombre, en los textos de sus biógrafos.
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Educado severamente por su madre, piadosa y discreta, fue un hombre de buena planta, dotado de un porte majestuoso, de vitalidad arrolladora, convencido de su papel semidivino, de temperamento sexual desbordante y en ocasiones escandaloso, reservado total en sus juicios, buen jinete y espadachín, cazador apasionado, militar valeroso, bailarín ágil y actor notable, enamorado de Francia, a la que deseaba situar con un papel preponderante en los asuntos de la Europa cristiana. Para lograr esa rotunda hegemonía luchó denodadamente, dotando a su país de una superioridad militar considerable y llevándole, también, para conseguirlo, a una serie de conflictos bélicos interminables.
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Su matrimonio con la infanta María Teresa de Austria, concertado en la histórica entrevista de la isla de los Faisanes, en 1660, creó otro vínculo renovado entre las dos dinastías —la de Habsburgo y la de Borbón—, del que salió —después de un complejo contencioso legal— la designación de Felipe de Anjou, su nieto, como sucesor del trono de España, vacante a la muerte de Carlos II. Luis XIV fue un monarca admirado hasta el paroxismo y también combatido y criticado acerbamente por sus enemigos dentro y fuera de las fronteras de Francia. Luis XIV hizo del conjunto palaciego de Versalles, invención suya, centro geográfico de la monarquía y cabeza visible del Estado francés. Quiso simbolizar el rey en aquellos inmensos y singulares grupos de edificios, rodeados de jardines y parques, de una belleza suprema, la majestad de la Corona y el carácter absoluto y omnímodo del poder real.
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Versalles fue como un trasunto del Escorial de Felipe II. Se puede afirmar que el espacio arquitectónico de cada uno de los dos conjuntos tan dispares, el español y el francés, refleja la personalidad respectiva de ambos soberanos —bisabuelo y bisnieto— y su diversa manera de entender el papel de rey.
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Buscando los emblemas simbólicos para representar, con fidelidad adulatoria, la figura del monarca, los arquitectos y artistas franceses de aquel siglo eligieron el sol como atributo de la grandeza de Luis XIV, equiparando al astro rey de nuestra galaxia astronómica con el hijo de la infanta vallisoletana. En el centro de ese disco solar irradiante, los tallistas colocaron la efigie de Luis XIV en mármoles, bronces, vitrinas, maderas nobles y tapices como otro dios del repertorio de las mitologías clásicas del paganismo grecorromano.
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La bibliografía sobre este personaje es abundantísima y dispar, enriqueciéndose constantemente con documentación inédita y juicios novedosos. Nosotros no entraremos en esa polémica de exaltación o denigración, que nos es ajena. Tratamos de presentar el perfil del Rey Sol, pero no de relatar la compleja historia de su reinado.