En el capítulo de la Casa de Tadmur en el que se habla de dónde se crió D.
Manuel Mosquera de Septimio-Bathzabbay el Tadmur, en Ucrania, hago hincapié en la colaboración con el Gran Duque Ernesto de Hesse y el Príncipe Enrique de Prusia en salvar a la Emperatriz en barco desde Petrogrado, y fracasó por la intervención de la
Duma.
Mucho antes del regreso del Zar Nicolás a Tsarkoie-Selo tras la abdicación, el Duque Ernesto se encontraba cerca de allí con otro nombre, hizo llegar cuatro cartas a través de la amante de don Manuel, Ania Virinoba que se las entregó a la Emperatriz, fue en ese momento en el que el Príncipe de Tadmur se vio involucrado en esta apasionante historia.
El Príncipe Enrique se encontraba entre Riga y Petrogrado, en plena revolución de febrero.
Los dos cuñados y don Manuel trataron de organizar... la huida de la Emperatriz y sus hijos por mar, cumpliendo las órdenes del Kaiser Guillermo II. Ania Virinoba, espía al servicio de los alemanes, convenció al Príncipe de Tadmur para servir de enlace con el famoso Dimitri Rubinstein, banquero de la familia Imperial. Por medio de Rubinstein las cartas eran enviadas a la Stavka, en el Cuartel General de Mogilev, en la Polonia Rusa. Los alemanes estaban perfectamente informados de todo lo que ocurría en Rusia.
Alemania sabía, hacía mucho tiempo que iba a estallar en el país una revolución. Estos servicios secretos eran dirigidos por el coronel Nikolai, que informaba directamente al Kaiser.
El Conde Bekendorff, gran mariscal de la corte, informado por Ania Virinoba, mandó a preparar un tren, con el objeto de que la Emperatriz y sus hijos partieran hacia Peterhoff, desde donde pensaban embarcar en el “Standard”( el yate imperial).
Los ferroviarios ganados por la propaganda de los soviets, que controlaban las vías férreas, cortaron la comunicación hacia Peterhoff (Petrogrado).
Para colmo de desgracias las Grandes Duquesas Tatiana, Anastasia y Olga enfermaron de sarampión y la Gran Duquesa María de pulmonía.
Don Manuel marchó a fin de informar y dar apoyo al Príncipe Ernesto de Prusia desde el palacio de su amiga la Princesa Chura Gagarin.
El proyecto consistía en hacer partir a la Familia Imperial en dos grupos separados hacia Peterhoff, para embarcar en el Standart.
El Emperador Guillermo II dio personalmente órdenes a la flota alemana de escoltar el yate imperial, y los submarinos se retiraron de los puertos rusos.
Por desgracia, el plan fracasó en el último momento, ya que la tripulación del Standart, aquellos hombres escogidos y mimados por la Familia Imperial durante veinte años, se amotinó y traicionó a sus señores.
En ese momento, el General Kornilov, cortó los teléfonos y censuró el correo.
El 8 de Marzo de 1.917 es detenida la Emperatriz y toda la aristocracia rusa abandona a sus soberanos excepto la reina de Grecia Olga Constantinova, Gran Duquesa de Rusia.
Solo quedaron dos extranjeros, Don Manuel en el Palacio Gagarin, y el Conde polaco Adam Zamoiski en Tsarkoie-Selo.
EL poderoso ejército ruso, solos dos oficiales estuvieron al lado del Zar , el príncipe tártaro, Kan de Nakitchevan y el conde Keller, también extranjeros.
Los ayudantes de campo de Nicolás II, abandonaron el tren en marcha, los más cobardes, los generales Ressin, Nasichkin y el Conde Grabbe, Jefe de la Escolta Imperial. De ahí viene la celebre frase, y no es una ironía, saltaron del vagón imperial, literalmente.
Una carta de Ania Virinoba llegaba al Palacio Gagarin, diciendo “Estimado Manuel, el lugar de un soberano, cuando no reina, se halla en el exilio, o el cadalso, vete lo más pronto posible ….”
La marcha a Liberia marcaba el fin de toda una época, para los Romanov. Y para el Príncipe Manuel que retornaba a Ucrania tremendamente apesumbrado, comenzaba un eterno peregrinar que finalizaría en España.- Pero eso es otra historia...
Rodolfo San Esteban.
Emb. En la Rep. Bolivariana de Venezuela.
Orden Bonaria.
Historiador.
Manuel Mosquera de Septimio-Bathzabbay el Tadmur, en Ucrania, hago hincapié en la colaboración con el Gran Duque Ernesto de Hesse y el Príncipe Enrique de Prusia en salvar a la Emperatriz en barco desde Petrogrado, y fracasó por la intervención de la
Duma.
Mucho antes del regreso del Zar Nicolás a Tsarkoie-Selo tras la abdicación, el Duque Ernesto se encontraba cerca de allí con otro nombre, hizo llegar cuatro cartas a través de la amante de don Manuel, Ania Virinoba que se las entregó a la Emperatriz, fue en ese momento en el que el Príncipe de Tadmur se vio involucrado en esta apasionante historia.
El Príncipe Enrique se encontraba entre Riga y Petrogrado, en plena revolución de febrero.
Los dos cuñados y don Manuel trataron de organizar... la huida de la Emperatriz y sus hijos por mar, cumpliendo las órdenes del Kaiser Guillermo II. Ania Virinoba, espía al servicio de los alemanes, convenció al Príncipe de Tadmur para servir de enlace con el famoso Dimitri Rubinstein, banquero de la familia Imperial. Por medio de Rubinstein las cartas eran enviadas a la Stavka, en el Cuartel General de Mogilev, en la Polonia Rusa. Los alemanes estaban perfectamente informados de todo lo que ocurría en Rusia.
Alemania sabía, hacía mucho tiempo que iba a estallar en el país una revolución. Estos servicios secretos eran dirigidos por el coronel Nikolai, que informaba directamente al Kaiser.
El Conde Bekendorff, gran mariscal de la corte, informado por Ania Virinoba, mandó a preparar un tren, con el objeto de que la Emperatriz y sus hijos partieran hacia Peterhoff, desde donde pensaban embarcar en el “Standard”( el yate imperial).
Los ferroviarios ganados por la propaganda de los soviets, que controlaban las vías férreas, cortaron la comunicación hacia Peterhoff (Petrogrado).
Para colmo de desgracias las Grandes Duquesas Tatiana, Anastasia y Olga enfermaron de sarampión y la Gran Duquesa María de pulmonía.
Don Manuel marchó a fin de informar y dar apoyo al Príncipe Ernesto de Prusia desde el palacio de su amiga la Princesa Chura Gagarin.
El proyecto consistía en hacer partir a la Familia Imperial en dos grupos separados hacia Peterhoff, para embarcar en el Standart.
El Emperador Guillermo II dio personalmente órdenes a la flota alemana de escoltar el yate imperial, y los submarinos se retiraron de los puertos rusos.
Por desgracia, el plan fracasó en el último momento, ya que la tripulación del Standart, aquellos hombres escogidos y mimados por la Familia Imperial durante veinte años, se amotinó y traicionó a sus señores.
En ese momento, el General Kornilov, cortó los teléfonos y censuró el correo.
El 8 de Marzo de 1.917 es detenida la Emperatriz y toda la aristocracia rusa abandona a sus soberanos excepto la reina de Grecia Olga Constantinova, Gran Duquesa de Rusia.
Solo quedaron dos extranjeros, Don Manuel en el Palacio Gagarin, y el Conde polaco Adam Zamoiski en Tsarkoie-Selo.
EL poderoso ejército ruso, solos dos oficiales estuvieron al lado del Zar , el príncipe tártaro, Kan de Nakitchevan y el conde Keller, también extranjeros.
Los ayudantes de campo de Nicolás II, abandonaron el tren en marcha, los más cobardes, los generales Ressin, Nasichkin y el Conde Grabbe, Jefe de la Escolta Imperial. De ahí viene la celebre frase, y no es una ironía, saltaron del vagón imperial, literalmente.
Una carta de Ania Virinoba llegaba al Palacio Gagarin, diciendo “Estimado Manuel, el lugar de un soberano, cuando no reina, se halla en el exilio, o el cadalso, vete lo más pronto posible ….”
La marcha a Liberia marcaba el fin de toda una época, para los Romanov. Y para el Príncipe Manuel que retornaba a Ucrania tremendamente apesumbrado, comenzaba un eterno peregrinar que finalizaría en España.- Pero eso es otra historia...
Rodolfo San Esteban.
Emb. En la Rep. Bolivariana de Venezuela.
Orden Bonaria.
Historiador.



