Este recorrido por aquella hermosa y en algo, misteriosa etapa del medioevo, encontraremos a los caballeros andantes genuinos, sin ningún parecido a los de los cuentos de hadas, quienes curiosamente van entrelazan sus familias, que al pasar las generaciones, van expandiéndose en nuevos troncos, estirpes y linajes. La mayoría de ellos cortesanos palaciegos, que en medio del fragor y opulencia del poder real, participaron activamente en las políticas de la época. Sus servicios al Rey, les generan los dividendos necesarios para convertirse en poderosos Señores regionales, creando verdaderos estados feudales, con plenos poderes sobre sus vasallos.
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Los tiempos, en la vida de estos hombres, son en exceso turbulentos. Nacen con el único fin de guerrear, defender a su Rey, lo obtenido por sus padres o alcanzar lo suyo. El alcanzar lo suyo, significaba "servir" a ordenes de otros más poderosos con el fin de lograr la "gracia" necesaria que permitiera elevara su condición social.
Si bien el leer y escribir era sinónimo de alcurnia, no era lo más importante, para eso estaban los escribanos, ellos se encargarían de anotar lo necesario. Lo importante, lo fundamental, estaba en la ciencia de la guerra, el manejar las armas, la espada, el escudo, la lanza o la ballesta, dominar el caballo, definitivamente su mejor amigo, sostener el choque con el adversario y salir avante en la lid.
Las victorias a nombre de "su Señor", podría implicar recibir aquella merced que tanto requiere para formar su linaje, obtener su escudo de armas y en ultimas dinero y poder.
La guerra por territorios es permanente. Los reyes, para incrementar el tamaño de sus reinos, tratan de arrebatarlo a los musulmanes, quienes llevan siglos asentados en esas tierras. Las Cruzadas en su momento, constituyen una gran oportunidad y miles engrosan las filas de estos ejércitos cristianos, quienes salen a luchar contra los infieles y "recuperar" tierras que nunca les han pertenecido. El recuperarlas o quitárselas a sus anteriores dueños significa que podrán pasar a manos de ellos mismos, sus nuevos dueños. Es el momento del apogeo de las Ordenes Militares y para los caballeros de entonces, resulta especialmente atractivo ser de ellas ya que cumplen doble función, la posibilidad de guerrear en nombre de Dios y al mismo tiempo pertenecer a su Santa Iglesia. Cuando no estaba la lucha contra los moros, estaban las permanentes guerras entre los diferentes reinos, León, Castilla, Navarra y Aragón, a más de las guerras contra Inglaterra, Francia o Italia.
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Muchos de nuestros personajes se asientan en los territorios de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. Esta última entre Navarra y Castilla, perteneció a ambos reinos. No era raro que los Señores allí, lucharan por su rey, el Señor de Navarra y luego tuvieran que hacerlo en favor de su Rey, el Señor de Castilla .
Esta inestabilidad unido a otros factores de carácter económico, genera en esta zona serios conflictos que culminan en las guerras entre los bandos de Oñaz y Gamboa, los de la tierra plana y los de las sierras.
Los oñacinos y gamboinos eran los parientes mayores que apoyaban las políticas y soberanía de Castilla ó Navarra respectivamente, pero su odio se acrecentó con el "valer más" a tal punto que por cualquier ínfima razón, se iban de inmediato a las manos y esto generalmente terminaba en hechos de sangre. El tan dañino "valer más" era demostrar a base de física fuerza bruta, quien es más poderoso, por lo que las masacres y sus respectivas venganzas no tardaron en llegar.
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Los Parientes Mayores son las familias más influyentes de la región.
Basados en el mayorazgo, figura hereditaria que pasaba todo el estado, con sus respectivos títulos, de padre a hijo mayor únicamente. Su fin era impedir que los enormes latifundios con aldeas, villas y ciudades incluidas, terminaran siendo simples minifundios. Si los padres eran lo suficientemente opulentos, dejaban otros señoríos a sus hijos segundones, pero lo principal siempre sería para el hijo mayor. Si por el contrario, no había más, los segundones recibirían alguna heredad y saldrían a poblarla y tratar de "valer más" para alcanzar ese estatus.
Cuando no había esa heredad y tenían los medios de sostener un caballo, se volvían "caballeros" y simplemente saldrían en busca de "hacer armas y buscar fortuna," poniéndose al servicio de algún Señor más poderoso. Los demás engrosarán la triste población de las villas.
La verdad es que amplias zonas tenían fueros especiales ó normatividades que en algo contrarrestaban los usos y abusos de los Señores, pero al ser estos mismos quienes debían hacerlos cumplir, preferían limitarse para no verse luego perjudicados, a pesar de haber jurado solemnemente cumplir y hacerlos cumplir al tomar posesión del Señorío. La violencia llegó a tales extremos que por ordenes reales, las tantas torres fortificadas ó casas-torre fueron "desmochadas" para impedir que continuaran prestando servicios militares, de allí la razón por la cual encontramos tantas "torres" que han sobrevivido a los tiempos, de tan baja altura, otras simplemente fueron derribadas.



