Sunday, July 11, 2010

El Obispo, el Perro, y el Caballero Bonario.-

Hoy es un buen día para analizar la coherencia entre el traje que llevamos puesto y el que nos corresponde por nuestra calidad interior. Las personas que nos encontramos en el camino están influenciadas por lo que perciben de nosotros, y muy probablemente no recibamos todo el amor que nos merecemos porque no coincide lo que mostramos con lo que realmente somos como hemos visto sobre todo en el mundo religioso, en el que muchos “obispados” (permitirme esta ocurrencia), dan una imagen equivocada a terceras personas que respetan su dignidad eclesiástica, personajes de estos hemos conocido unos cuantos, D. Alfredo Mingolla en Argentina, curiosos obispos en Portugal, y tanto otros…
Quiero hacer una revisión de nuestra integridad con un cuento:

Venía un hombre vestido de obispo por calles de Lisboa, había almorzado con otros hombres vestidos de obispo, habían brindado con vino por la sed del mundo, y alimentado su panza por la hambruna del hombre, se habían reído de los perseguidos en la Justicia, terminada la comida pasaba por una calle y se encontró un perro al que golpeó con su bastón y le rompió una pata. El perro salió aullando y fue a acurrucarse a los pies de un caballero bonario pidiendo que se le hiciera justicia.

El Caballero Bonario, siempre entre los que sufren, y son marginados, le dijo al obispo: « ¿Cómo te has permitido hacer tanto daño a este pobre ser?».

El obispo respondió: «Oh Bonario, ha sido culpa del perro, y no mía! Si le he pegado es porque me había manchado la sotana».

Más el perro seguía gimiendo cada vez más.

Le dijo el Caballero Bonario: «¿Qué puedo darte en compensación para calmar tu dolor? Si no quieres que yo asuma la culpa de ese Obispo, lo haré castigar para hacerte justicia».

Respondió el perro: «Oh estimado hermano Bonario, cuando he visto que ese hombre llevaba el hábito de Obispo, he tenido confianza en él. Nunca hubiera imaginado que pudiera hacerme daño. Si no hubiese llevado esa sotana, lo habría evitado. Ese ha sido mi error. Si quieres castigarlo, quítale esa ropa reservada a los justos para que nadie más se engañe con su apariencia», y esto debemos de hacer.

El hábito no hace al monje, pero nosotros los Bonarios, en estos años hemos vestido otro traje; el de la fortaleza, que nos hace sentir dignos ante las adversidades, y nos une a los perseguidos y a los que sufren.

El Príncipe de Septimio-Bathzabbay El Tadmur
Gran Maestre de la Orden Bonaria.-