¿Cómo se las ingeniaban aquella raza que en lugar de creer en un solo Dios único y justiciero, tenían una variopinta y policromática colección familiar de divinidades, con emociones humanas y poderes ilimitados?…
A mi me parecía dificilísimo mantener una coherencia religiosa con semejante arquitectura mística.
Quise conocer más, y me topé de narices con México. Un antiguo número de la Revista Más Allá de la Ciencia, me dio la información, y me enfrasqué en ampliar datos, costumbres, rituales que aportaran algo más de luz a mis inquietudes.
Malinalco fue el centro iniciático de los caballeros del Sol mas importante de imperio mexíca, y quiero aportar mis averiguaciones a los curiosos buscadores de la Esquina Mágica , sin otra pretensión que transmitir mis inquietudes, y mi enorme cariño por esta cultura y sus habitantes.
No soy científica y no pretendo dar a estas paginas carácter astronómico, antropológico o cualquier otra especialidad empírica, pero si alguien hallara en este escrito un error de bulto, personalmente le estaría muy agradecida si quisiera informar de ello. Que estas anotaciones al margen de la historia, sirven para mejorar las relaciones entre los hombres y beneficiar a todos.
RESCATADA DEL OLVIDO
En el centro de la civilización cosmopolita mas policroma que pueda hallarse hoy en día, llegaron a mis manos, unos documentos sobre un centro místico y solar, único en su especie precolombina, por estar excavado en la roca, y abandonado al olvido hasta los últimos años del siglo XX, a tan solo a 118 Km. al suroeste del estresante Distrito Federal Mexicano.
En la escritura nahual, Malinalco se compone de un cráneo humano, teniendo en la frente una hierba con frutos amarillos, signo del malinalli, y en la cavidad orbitaria un ojo ó pupila con párpado rojo, Malinalxoch, divinidad, hermana de Huitzilopochtli. El símbolo malinalli aparece en el calendario náhuatl para designar el decimosegundo de los trece días y quiere decir heno [20]. Los nacidos en este signo, también llamado “matorral”, debían sufrir cada año una enfermedad grave, tal como le ocurre a los matorrales que todos los años se secan y después reverdecen. También malinalli, es una planta de las gramíneas, conocida por "zacate del carbonero," dura, áspera, fibrosa, que fresca sirve para formar las sacas del carbón y enroscar la soga que las cierran.
Todo lo que hay en Malinalco es hermoso y extraño, desde de el paisaje lujuriante, subtropical, que le da su cercanía con el Pacífico, hasta su atmósfera, apacible, que apenas oculta esa irradiación característica, cargada de electricidad, que envuelve a los verdaderos centros de poder. Pero aun hay mas, sus gentes, habitantes del barrio marginal de Santa Mónica, tienen en sus ojos un brillo de conocimiento especial, que detecta la directa descendencia de aquel puñado de "brujos" mexícas que, según la tradición, fundaron la ciudad sagrada de Malinalxóchitl (Flor de hierba), hermana maga del dios Huitzilopochtli, antes de que los aztecas se instalaran en el Valle de México.
Algunos de ellos son depositarios de un legado cultural clandestino-tanto material como intelectual- que durante generaciones han mantenido la boca cerrada, principio hermético tradicional y universal, común a aquellos iniciados poseedores de la sabiduría de los antepasados.
Ellos son posiblemente los que en ciertas noches señaladas en sus calendarios siguen subiendo hasta el cerro de los Ídolos, para tocar allí en honor a los antiguos dioses sus caracolas y sus tambores precolombinos.
Y ante toda esta carga de poderosa energía, nos encontramos con el lado negativo como contrapartida energética. También allí comparten territorio “Los otros”, habitantes y descendientes de conquistadores españoles, un reducto de pequeños burgueses terratenientes y propietarios del modesto comercio local, para quienes, este Cerro de los ídolos, como despectivamente siguen siendo conocidas estas ruinas iniciáticas, no son más que un motivo de atracción turística.
Sin embargo, nada mas lejano de la limitada y comercial visión burguesa, cuando en los umbrales del siglo XXI, la ciencia arqueo astronómica descubre la asombrosa relación de la Pirámide de Malinalco con el Cosmos. Una vez mas, se abre una "puerta a otros mundos", esta vez, fuente de poder para los mexícas, y que como siempre, aun esta lejano el día en que sus misterios sean completamente revelados
Hasta 1936 las "gentes de razón”, se autoproclaman en México criollos y mestizos, habitantes adaptados al sistema para diferenciarse de los indios aborígenes, y empeñados en ignorar la existencia misma del grupo de singulares construcciones pétreas del que destaca la misteriosa Pirámide de las Águilas, englobando todo ello el conjunto precortesiano de Malinalco.
A partir de esa fecha, sin embargo, los trabajos arqueológicos de José García Pavón anunciaron como descubrimiento lo que no era sino triste olvido, puesto que la historia y descripción de esta pirámide figura en las crónicas de Diego Durán y otros frailes que siguieron a los soldados de Cortés.
UN TEMPLO PARA INICIACIONES
El santuario de Malinalco es el más selecto de la podriamos decir orden de los caballeros del sol, y cuyas reminiscencias nos hacen pensar en nuestros maestros del temple europeos. En el se daba iniciación a los caballeros águilas y jaguares, elite de la organización militar azteca.
La Pirámide truncada de las Águilas, al borde de un empinado y espléndido precipicio que se abre al valle de Malinalco, es -junto a Petra, en Jordania, y Abú Simbel, en Egipto- uno de los tres únicos monumentos del mundo antiguo directamente esculpidos en la falda de una montaña, y tallado mediante mazas de piedra en cobre y martillos de obsidiana, puesto que el hierro no fue conocido en Mesoamérica hasta la llegada de los conquistadores. Una vez mas las coincidencias entre dos continentes se aúnan en arquitecturas místicas.
La pirámide está coronada por un pequeño y singularísimo recinto al que se accede por una escalera muy empinada que contiene en su centro una escultura antropomórfica muy dañada. En sus extremos, y sobre una pequeña plataforma, se hallan los restos escultóricos de unos jaguares, originalmente revestidos con una capa de estuco pintada de amarillo anaranjado con manchas negras.
La escalera esta formada por 13 escalones que representan los trece cielos de la cosmovisión mexíca.
Entramos al templo por una enorme boca de serpiente labrada en la roca, y orientada sur, símbolo del Mixcóatl, la Serpiente de Fuego, y nos adentramos en un enigmático recinto circular, único en el mundo, de cuya roca sobresalen tres esculturas de animales sagrados: un jaguar flanqueado por dos águilas. No en vano Huitzilopochtli, dios del Sol diurno y Señor de los Caballeros Águilas, preside esta construcción en forma de la estatua de águila que se halla en su centro, y Tezclatipoca, dios del Sol y representante de los Caballeros Jaguares, está presente en las estatuas de esos depredadores de hábitos nocturnos.
Aun se distingue claramente el relieve de dos ojos, uno a cada lado de la puerta, con cejas, así como el contorno de unas terribles fauces de cuyas comisuras surgen dos colmillos; sobre el suelo, una lengua bífida, originariamente pintada de color rojo.
Es tradición en la mitología tanto americana como de todo el mundo, equipar la boca de serpiente con la gruta o centro iniciático, símbolo del útero materno oculto y profundo, al que debemos penetrar, dando lugar a la catarsis del alma y que, tras una estancia temporal en el silencio y el asilamiento, podremos renacer a una nueva vida espiritual, a través de un angosto pasadizo, y con él a la impecabilidad del guerrero, según los términos expuestos por Don Juan a Carlos Castaneda, y de acuerdo con un código ético caballeresco que, pese a su imprecisa pero vasta antigüedad, sigue teniendo vigencia para todos los pueblos precolombinos de Mesoamérica.
En el centro del piso reposa, soberbiamente esculpida y mirando hacia el exterior, otra águila, detrás de la cual hay un orificio redondo, practicado en el suelo, que tal vez pudo servir –aunque no hay pruebas- de Cuauhxixalli (vaso de águila), lugar donde se depositaban los corazones de las víctimas sacrificadas durante las "guerras floridas".
Estas esculturas representan, con seguridad, el espíritu de los valientes guerreros muertos en combate o en la piedra de sacrificios del enemigo -ambas cosas igualmente honorables para ellos- que iban a residir en el cielo oriental, en la casa del dios Sol, Huitzilopochtli, al cual acompañaban con danzas y cantos en su marcha celeste hasta el zenit, para descender sobre la tierra al mediodía, transmigrados en colibríes y mariposas que beberían el néctar de las flores.
En el mito náhuatl de creación del mundo, dos dioses se consumen en el fuego para crear el sol.
“ Y cuando vino a salir el sol, pareció muy colorado, parecía que se contoneaba de una parte a otra; nadie lo podía mirar, porque quitaba la vista de los ojos, resplandecía y echaba rayos de sí en gran manera; y sus rayos se derramaron por todas partes; y después salió la luna, en la misma parte del oriente, a par del sol: primero salió el sol y tras él salió la luna; por el orden que entraron en el fuego por el mismo salieron hechos sol y luna”.
Inmediatamente después de este auto-sacrificio de los dioses, un águila y un jaguar pasan por este fuego, razón por la cual las plumas del águila están ennegrecidas y la piel del tigre está manchada. De este mito se tomó la costumbre de llamar a los grandes guerreros quauhtlocélotl, es decir, “águila-jaguar”, imagen que refleja la ideología del estado teocrático-militarista azteca. Gracias a este estrato ideológico se dio la expansión territorial azteca, pues el premio para los aztecas muertos en la guerra era convertirse en colibríes que se nutrían del néctar de las flores solares.
En el segundo mes, conocido como Tlacaxipehualiztli, se sacrificaba un prisionero haciéndolo luchar contra dos caballeros águilas y dos caballeros jaguares, los cuales bailaban al pelear. Si el prisionero era un buen guerrero, era derrotado entre los cuatro caballeros. Estos caballeros salían de lo alto del templo, bajaban las escaleras en procesión detrás de los sacerdotes, hasta llegar a la piedra donde victimaban a los cautivos.
Todo esto me recuerda al simbolismo de nuestras catedrales y edificaciones templarías donde los místicos alquimistas relacionaban formas y figuras de la tradición hermética con el camino que recorre el alma para encontrarse con su Dios. Siglos de diferencia sí, y millas de distancia, pero las vías hacia la luz son las mismas allá donde vayamos. ¿Quien comenzó primero?, ¿Oriente?, occidente?, o quizá la realidad es que todos somos lo mismo con la salvedad de formas de creer propias de la raza el clima y la geografía.
Nuestros caballeros del medievo especialmente en la orden del temple como organización místico-militar, velaban armas la noche antes del ritual y lo ofrendaban para el servicio de su fe y en beneficio de la cristiandad, y más de uno murió en hoguera, por defender sus principios e igualmente los muertos en combate tuvieron sus rituales específicos dentro de la hermandad, e incluso eran enterrados dentro de los fosos del templo como distinción honorifica. Si tenemos en cuenta el espacio en tiempo entre uno y otro continente, no deja de sorprenderme la similitud ritualistas.
Malinalco y el culto solar del águila y el jaguar.
El carácter océlotl, gobernaba la segunda cuenta de los trece días y se le consideraba de mal agüero.
Los que nacían en este signo eran proclives a obtener cargos y privilegios por medio de la fuerza y la tiranía, siendo además aficionados a la guerra y partidarios de las buenas causas.
Al océlotl le correspondía la primera casa o día y la segunda tocaba a quauhtli, que es el águila. Los que nacían en este signo compartían las mismas cualidades que los del signo anterior, pero aficionados al robo y adueñarse de lo ajeno, llegando a la avaricia con mucha facilidad, a semejanza del águila como ave de rapiña.
EL CHAMANISMO EN EL OBSERVATORIO DE MALINALCO.
Pero, ¿por qué para construir tan singular edificación se eligió precisamente un punto y una orientación concreta, en la falda de la montarla? ¿Qué lugar ocupa la Pirámide de Malinalco en el orden cósmico?
Para averiguarlo, el mexicano Jesús Galindo Trejo, doctor en Astrofísica por la Ruhr UNiversitat Bochum de la antigua republica federal alemana realizó en 1990 un memorable experimento, cuyos alucinantes resultados veremos a continuación.
La astronomía mesoamericana, en una civilización que veía en el tiempo rueda cuyos radios retornaban eternamente, era utilizada para ordenarla de acuerdo con la repetitiva conjunción de los astros, además de servir como base a una técnica predictiva de la que hasta ahora sabemos muy poco, desarrollada por los sacerdotes astrónomos o Ilhuicatla-matinime.
El Sol fue uno de los cuerpos más observados en toda Mesoamérica debido a la aparente regularidad de su movimiento. La deificación del Sol o Tonatiuh -el se va calentando, iluminando- significó el reconocimiento de su papel vital en la Naturaleza y en la sucesión de esos "espacio-tiempos" –un ámbito concreto ligado a una hora un color una dirección, concebidos por los antiguos mexicas como la esencia del devenir.
Malinalco es una prueba fehaciente de esa preocupación por el curso solar, pues se trata, sin lugar a dudas, de un peculiar observatorio astronómico dedicado a los acontecimientos solares. Por eso está orientado al Sur -dirección del dios solar Huitzilopochtli-, para poder observar mejor esos sucesos.
Son relativamente raras, en toda Mesoamérica, las estructuras arquitectónicas orientadas al Sur. La pirámide monolítica de Malinalco pertenece a esta clase y está relacionada con el Sol declinante, que alcanza precisamente su mínima altura sobre al horizonte sureño en el solsticio de invierno.
Malinalli es el símbolo de las hierbas que nacen en un cráneo y designa también a la deidad lunar de cuatrocientos pechos, Mayahuel, quien amamanta a la Vía Láctea Malinalco era considerado un centro importante para la práctica de la brujería, al grado de que se le llamaba lugar “de donde salían los brujos”. De ellos surgió la costumbre arraigada en Cholula, Tlaxcala y el Marquesado, de colocar banderetas pequeñas a los árboles frutales como el zapote, aguacate, ciruelos, tunales y magueyes.
Según diferentes cronistas la fiesta principal de Huitzilopochtli, el Panquetzaliztli o "despliegue de banderas", se celebraba "cuando el Sol estaba en su declinación". Así, el franciscano Torquemada afirma que en el día del solsticio de invierno tenía lugar en el México antiguo "la bajada de Huitzilopochtli al mundo".
Galindo Trejo midió el eje de simetría del santuario, es decir, la línea que une las cabezas del jaguar y del águila central, y descubrió, con gran asombro, que la desviación de ese eje con respecto al Sur astronómico era de tan sólo medio grado.
Este dato resulta admirable si tenemos en cuenta que el desconocido astrónomo precortesiano que alineó las cabezas no tuvo a la vista la Estrella Polar, la que señala el Norte astronómico, pues al estar incrustado en la montaña, el templo no tiene horizonte norteño. Cómo lograron aquellos hombres "primitivos" tamaña precisión careciendo de instrumentos ópticos y, según parece, de brújula, es uno más de los grandes misterios precolombinos.
Releyendo a Torquemada cuando se refiere a "la bajada de Huitzilopochtli al mundo", el historiador Romero Quiroz señaló que tal vez ese acontecimiento solsticial se verificaría en el templo monolítico de Malinalco al mediodía, cuando la luz solar iluminaba el águila central a través de un agujero en la fachada, hoy inexistente debido a que la parte superior ala boca de la serpiente de la entrada ha desaparecido y ha sido sustituida por una techumbre de paja. De ese modo, el Sol, al alcanzar su mínima declinación, iluminaría su propia imagen representada por el águila, para que Huitzilopchtlí descendiera -a través del rayo de luz solar- "realmente" al mundo donde existe el águila, su representación. Es lo que los antiguos griegos llamaban una hierofanía o iluminación repentina de un lugar o un objeto sacralizado.
Considerando tanto la fecha en que sucedería la hierofanía como la orientación del templo, Galindo Trejo calculó el ángulo bajo el cual los rayos solares podrían incidir sobre la cabeza del águila central del santuario, así como la hora exacta en que eso iba a suceder.
Para suprimirla obstrucción que significaba la techumbre de paja, su equipo introdujo en ella un grueso tubo, en el lugar y con la inclinación previamente calculados por este astrónomo. Así, en el día del solsticio de invierno de 1990, fecha en que, de acuerdo con los cronistas, se celebraba la fiesta principal de Huitzilopochtli, exactamente alas 14,40 del mediodía, se reprodujo un milagro ocurrido por última vez medio milenio atrás: un estrecho haz de rayos solares entró en el santuario e iluminó la cabeza del águila, recreándose de nuevo la bajada de Huitzilopochtli al mundo.
CEREMONIAS DE ACCESO AL RECINTO
Para los indígenas; la Pirámide de Malinalco es "el templo donde confluyen los Tres ondas": el inframuya o de los antepasados, la rema y los dominios celestes del Sol y de los dioses. De acuerdo con esta concepción, esta construcción no sería otra cosa que una puerta a otras dimensiones para quien hubiera entrenado su espíritu en prácticas secretas.
El viajero que quiera visitarla pirámide de Malinalco, antes o después de la estación de las lluvias, deberá proveerse de sombrero de paja v gafas de sol- aunque el cielo esté nublado pues no en vano nos encontramos en los dominios de Huitzilopochtli. También tendrá que subir una empinada cuesta, que se levanta en un monte selvático, y hacer frente a una feria de exóticos insectos: saltamontes en technicolor, mariposas de tintes oníricos y gusanos verdes, rojos, de un negro charolado o con cada anillo de una tonalidad distinta, todos ellos mas o menos venenosos y todos ellos empeñados en adherirse a la ropa forastero sin el menor recato.
Merecerá la pena. Una vez arriba además de gozar de un paisaje impresionante -con el Malinalco postcortesiano y su iglesia colonial en primer término, flanqueado por montañas de un verde intenso-, se tiene la ocasión de experimentar, desde el último peldaño de la Pirámide de las Águilas, las energías altamente positivas del lugar y de evocar el espíritu de un pueblo desconocedor del hierro, pero inteligente, que al contrario que los occidentales edificadores de la ciencia, puso sus elevados conocimientos técnicos al servicio de lo inefable.
Pero, antes de subir a la pirámide, si queremos hacerlo de acuerdo con la más genuina tradición mesoamericana, será necesario "pedir permiso a los señores del lugar, pues cada sitio, según esta cosmovisión, tiene sus dueños invisibles.
Los hay de carácter maléfico, como aquellos que se enseñorean en los cruces de caminos, y benéfico, como ciegas montañas sagradas desde donde parten los trece cielos que unen a la Tierra con el Sol, y donde los dioses duales y complementarios, Huitzilopochtli y Tezclatipoca, ejercen su saludable dominio.
Fue en Malinalco donde se asentó Malinalxóchitl, hermana de Huitzilopochtli, después de ser señalada como hechicera por los aztecas en su peregrinación a Tenochtitlan. Fue acusada de utilizar a los animales ponzoñosos para matar a sus enemigos y de por transformarse en cualquier animal, razones por las que fue abandonada por consejo de los sacerdotes aztecas.
Según la Crónica Mexicana y las Relaciones originales de Chalco Amaquemecan, esto ocurrió en Michoacán. En la crónica de Fray Diego Durán se dice que los malinalcas y tarascos pertenecían a un mismo pueblo.
Malinalco es una de esas montañas sin duda la más sagrada los mexícas. La boca de la Serpiente por la que se entra al templo al "monstruo de la Tierra la que tenían que combatir y perecer los miembros de la organización, a quienes estaba dedicado, pues la sangre del guerrero alimentaba a los dioses que sostenían el mundo.
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Desconocemos en qué podía consistir el rito de iniciación, probablemente un secreto sólo compartido por los Caballeros del Sol. Sí sabemos, en cambio, que tras superar ciertas pruebas, al neófito se le confería el rango de Caballera Águila, o jaguar, perforándole el tabique de la nariz, para colgarle ahí según el caso una uña de águila o de ocelote.
Para la primigenia mentalidad mesoamericana, la luz y la oscuridad, en eterna lucha, se disputan el dominio del hombre y del mundo. La guerra terrestre no es más que un eco y un reflejo de esa guerra celeste, y de ahí la necesidad de que existan guerreros "luminosos" -los Caballeros Águila- y "sombríos" -los Caballeros Jaguar-, de acuerdo con las inclinaciones personales de cada aspirante y con su forma de luchar, franca y abierta, o sutil y soterrada.
Malinalco y la flor solar del Árbol chamánico del mundo.
El tema de las flores engloba no sólo el manto primaveral que cubre los campos, sino también el maíz que alimenta los hombres y que es llamado “flor de nuestra carne”.
Tambien los sacrificados son carne, alimento de dioses, flores divinas que brotan en la batalla, adorna libros sagrados y están consagradas al Dios Águila, que descarna príncipes y impera en el templo que cuida el emperador Moctezuma.
El río de flores, compone al agua florida representa también a la sangre divina. Las tunas de águila representan los guerreros prisioneros que han de ser sacrificados y junto a las flores se encuentran los hermosos pájaros cuyo canto es fantástico y en los cuales se convertirán los guerreros muertos en combate, para acompañar al sol
Las religiones mesoamericanas utilizaron a la flor multipétala con círculos concéntricos, el girasol o chimalxóchitl, para representar al sol estático y en plenitud. Cuando esta flor multipétala tiene centro en espiral, designa al Sol que realiza su curso. Y si se trata de una media flor con el mismo centro en espiral, se alude al momento en que sale o se oculta al Sol.
En los casos en que esta flor tiene cuatro pétalos, se hace referencia a la delimitación que hacen los solsticios de los cuatro rumbos del universo. La espiral desdoblada en el centro de la flor refiere a la actividad solar en lo que ésta se relaciona con el mundo humano, por lo que se le ha dado el nombre de “forma del año”, es decir, el día y la noche, los solsticios, etc.
En el glifo ollin, que está compuesto por dos espirales desdobladas y entrelazadas, se condensan estos aspectos: la ubicación de los solsticios y los rumbos del universo cuyo centro se halla en el centro de la Tierra.
Estas flores representan la alegría del mundo, su impulso vital, cuya hermosura es pasajera como la de los hombres. La brevedad de la vida y su plenitud se expresa en el éxtasis guerrero de los caballeros Águilas y Tigres, donde se unen por un momento los ritmos universales y el latido del corazón humano.
Pero esta dicha se ve interrumpida por la conciencia de la caducidad de esta existencia, que es la misma que hay en las flores de los campos, En el símbolo de la flor se representa filosóficamente el concepto del tiempo, que lleva a la angustia de la muerte, de la que no se salvan los príncipes ni los sabios.
Son las flores solares, que engalanan al caballero Águila cuando baila en éxtasis y que conoce la región del misterio, lugar final de los hombres.
En los frescos de Malinalco se representan las flores solares para ilustrar a los catecúmenos el concepto europeo del paraíso que es traducido por los tlacuilos como el paraíso solar azteca. La plástica del observatorio solar de Malinalco también recoge este tema al ilustrar en los relieves que se encuentran en su interior las figuras del tigre y el águila, animales con los que se representa el drama de la evolución del sol y la luna en el espacio sideral.
¿UNA PUERTA A OTRAS DIMENSIONES'?
Pero en el México precolombino toda realidad remite a un símbolo y estos dos aspectos de la orden místico-militar no son sino la representación de una idea dual del cosmos, típicamente mesoamericana, muy similar a la que profesa el taoísmo chino y, a su vez, de alguna forma paralela a la que sustentaron los templarios tras imbuirse de milenarias sabidurías orientales, tal y como queda reflejado, por ejemplo, en esa imagen críptica de dos caballeros montando un solo caballo. Por la ética del guerrero y el camino del misticismo parecen alcanzarse idénticos niveles de sabiduría, tanto en Oriente como en Occidente.
No sabemos en qué consistían las pruebas iniciáticas que realizaban en Malinalco estos peculiares "templarios" mexícas, sino es a través de lo que cuentan los códices relatados por el clero hispánico en sus informes al rey de España, algunos exactos y verídicos otros bastante mas confusos debido a los problemas lingüísticos.
No en vano la Pirámide de Malinalco es considerada por los indígenas como "el Cuauhcaiü (templo) donde confluyen los Tres Mundos", es decir, el inframundo de los antepasados, la Tierra y los dominios celestes del Sol y de los dioses.
De acuerdo con esta concepción, el singular templo de piedra labrada no sería otra cosa sino una puerta a otras dimensiones para quien hubiera entrenado su espíritu en determinadas prácticas secretas.
Desconocedor de esas prácticas, el viajero situado en el último peldaño de la Pirámide de Malinalco quedará imbuido de esa rara y estimulante serenidad que proporcionarla el primer día de la Creación y que hoy sólo los mágicos y purísimos cielos de América son capaces de transmitir.
En lo alto del templo se encontraba una piedra llamada cuauhxicalli, la cual tenía las armas del sol, hacia la que subía el sacrificado deteniéndose en los escalones para arremedar el movimiento del sol.
Una vez arriba invocaba la imagen solar que se hallaba encima del altar. En el patio llamado Cuauhxicalco, había dos piedras redondas de una braza, una en forma de rueda (temalacatl) y otra llamada cuauhxicalli (ánfora del Águila). En ella cuatro caballeros, llamados tigre mayor y menor así como águila mayor y menor, sacrificaban a los cautivos.
La sala del palacio donde se reunían los capitanes llamados tlatlacochcalca y tlatlacateca para formar el consejo de guerra, se llama quauhcalli, que significa Casa las Águilas, sobre la que se edificó, después de la conquista española, la Iglesia Mayor de México.
Por su valor a estos caballeros se les llamaba águilas o tigres por la valentía y el arrojo que mostraban en el combate. Gozaban de la mayor estimación por parte de los reyes, gozando de los mayores privilegios y exenciones siendo inapelable el consejo que daban al rey en tiempos de guerra. Estaban consagrados al culto del sol y disfrutaban de mercedes reales cuando destacaban en la guerra, las cuáles eran recibidas al concederles el rey el título de tequihua (hombre valiente).
Sus condecoraciones formaban parte de un ritual en función de sus acciones importantes:
Tomando los cabellos de la coronilla en la mitad de la cabeza, se los aderezaban realizando una trenza colorada y, en la misma ataban un plumaje de plumas verdes y azules y coloradas, y de la lazada salía un cordón que colgaba a las espaldas coronado por una borla colorada, como símbolo de haber realizado una hazaña.
En realidad cada hazaña era representada por una borla.
“Hecho esto, el mismo rey le daba una rodela y unas coracinas todas de plumería, muy galanas, y en el campo de la rodela, unas señales que le servían de armas, y una celada, a su modo, que le servía de divisa, con grandes plumas. Vestíamos de ricas mantas y bragueros; dábales joyas, collares y orejeras y bezotes, exentándolos de todo género de alcabalas, tributos, pechos, etc. Dábales privilegios, para que él y sus hijos pudiesen usar algodón y traer cotaras y tener las mujeres que pudiesen sustentar, y desde aquel día podía entrar en palacio y sentarse con los demás en el aposento de las águilas”.
La estatuaria azteca consagró obras importantes sobre el tema de estos caballeros que entregaban al Sol la substancia mágica que contiene la sangre, poniendo énfasis en el estoicismo y la energía que caracterizaban a estos esforzados guerreros.
Esto me recuerda a las prebendas de la Europa feudal, donde es el rey quien regala tierras y exime de impuestos para lograr la fidelidad de sus vasallos, solo que a un nivel social y material mientras que en el pueblo azteca ese servicio es trascendido, a un fin ultimo de renuncia al don de la vida para alimentar a la divinidad si esta lo requiriera.Una vez mas, existe un paralelismo mistico-militar en el caso de los caballeros de las ordenes templarias; aunque ciertamente, este ejercito de blanca tunica y roja cruz no estaba a servicio de los reyes, sino de la cristiandad papal.
El siguiente fragmento está dedicado a la bravura de las águilas divinas y la furia de los tigres:
“El campo de batalla es el lugar:
donde se brinda en la guerra el divino licor,
donde se matizan las divinas águilas,
donde rugen de rabia los tigres,
donde llueven las variadas piedras preciosas de los joyeles,
donde ondulan los ricos colgajos de plumas finas,
donde se quiebran y hacen añicos los príncipes.”
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Después del sacrificio ritual, se depositaban los corazones, que eran llamados quauhnochtli(tunas del águila), en una vasija y a los sacrificados se les llamaba quauhteca (morador del país del Águila).
En otro sacrificio se guardaban los cabellos, arrancados a los esclavos destinados al sacrificio, en un vaso llamado cuaucáxitl. Otro dios que recibía sacrificios humanos era el dios Quauitlícac [El que se levanta como águila], compañero del dios Páinal y que tenía un templo dedicado a su veneración en el barrio de Popotlan en Tacuba.
En otra festividad, dos guerreros portaban dos mazas corriendo en relevos hasta el patio del templo de Huitzilopochtli que se llamaba Quauhqiuáuac.
A los guerreros que habían capturado cinco rivales en la guerra, se les honraba con el título de quauhyácatl, que quiere decir águila que guía, reglándoseles un “un barbote largo, verde, y borla para ponerse en la cabeza, con unas listas de plata entrepuestas en la pluma de la borla, y también le daba orejeras de cuero, y una manta rica que se llamaba cuechintli”.
CONCLUSIONES Y PERSPECTIVAS.
La religión azteca, como las demás religiones del mundo, tuvo la capacidad de asimilar los sistemas de creencias de los pueblos vecinos y las manifestaciones de la vida espiritual que le precedieron. Personalmente creo que, el chamanismo mundial y el enorme complejo cultural que lo envuelve, se difundió con las migraciones a través del estrecho de Behring, y su florecimiento en tierras americanas, influyó el desarrollo simbólico de la religión azteca, la cual, adoptó los temas esenciales de la experiencia de éxtasis chamánica. Tal vez Malinalco haya puesto el punto final con esta corriente, que sin desaparecer, fue absorbido por el sacerdocio azteca.
Así pues, si en Malinalco, se despreció a una líder de este culto, acusándola de hechicera, es en el mismo lugar precisamente, donde comienza el declive del prestigio chamánico entre los aztecas. Hay una clara huella de la presencia de este mundo mágico en los frescos que decoran el convento de Malinalco para conversión de los indígenas.
El objetivo de mis investigaciones es, encontrar puntos comunes con otras creencias buscando el origen, según yo único de todas ellas.
En esta parte del continente mesoamericano, cobra una gran relevancia, la similitud con relación a determinadas imágenes folklóricas del Tibet; el uso de colores puros y primitivos para sus imágenes, y las cabezas de animales como representaciones de deidades protectoras o maléficas, son unos de los múltiples ejemplos. Esto tiene su lógica, teniendo en cuenta que ambas religiones son animistas.
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También es importante el enfoque del culto a la muerte entre ambas culturas, aunque el azteca siempre será mucho más jovial y desenvuelto, que los habitantes de las inmensas cumbres nepalíes. Supongo que el clima es un factor decisivo en esta festiva cualidad, ya que evidentemente no es lo mismo vivir en zona tropical de calida y rica naturaleza, que en las altas cumbres del Tíbet. También la creencia de la reencarnación es común en ambas.
Otro dato curioso es que tanto en las culturas mesoamericanas como las celtas e incluso egipcias utilizan el color azul para teñir los cuerpos de los próximos sacrificados, ya sea por guerra o por inmolación.
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Podríamos extender nuestra mirada hacia otras zonas y Egipto se uniría a este grupo en muchos de sus aspectos.
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Seguramente hay otras muchas culturas, con cultos semejantes, pero mi capacidad de conocimiento es limitada por ahora.
Me parece espectacular las coincidencias entre la orden militar de los Guerreros del Sol y la orden templaría de la Europa feudal, como estructura y forma de funcionamiento e incluso como objetivo, y si bien al caballero europeo no se le exigía subir los peldaños hacia la inmolación, si es cierto que, muchos de ellos prefirieron morir en la hoguera antes que renunciar a sus creencias. Igualmente los destacados templarios eran enterrados en los panteones eclesiásticos, como distinción y pertenencia a un linaje que, guarda eternamente las armas junto a su Dios. Estoy comparando dos credos aparentemente muy dispares en su forma, pero sinceramente soy de la opinión que, toda creencia que brota del corazón puro, es auténtica mientras sea la fe la que lo motive, no importa que se trate de Dios, Alá, o Huitzilopochtli. El merito de los guerreros es el mismo, porque su fe era impecable en ambos casos.
En la cosmogonía mesoamericana, los dioses se sacrifican para salvar a la raza humana, saltando al fuego purificador, y esa es la razón por la que los mexícas no dudan en ofrecer su sangre para alimentar a unos dioses que con tanto amor los protegieron. Entregan la esencia de su sangre para alimento y purificación y comen de la carne inmolada para participar del banquete de los dioses en la espera de su encuentro final en el cielo mexíca. En la fe judeo cristiana, la vida pertenece igualmente al creador, y de la misma manera, un mensajero divino, hijo del mismo Dios y Dios mismo en su origen, representado en la personalidad de Jesús de Nazaret, entrega su vida para salvar a la humanidad en sacrificio inmolatorio cruento.
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Si volvemos la mirada hacia el ritual de la Misa católica, coincidiremos en que, en un plano simbólico participamos de cuerpo místico de Cristo, comiendo pan y bebiendo vino en espera de la resurrección eterna. Lo que marca la diferencia entre el ritual guerrero mexíca y el cristiano, es la forma, no el objetivo.
Independientemente de creencias y dogmas, me parece absolutamente revelador este simbolismo universal de relación hombre Dios, que aun con siglos de diferencia entre unos y otros miles de kilómetros de distancia, el hombre siempre crea el mismo vínculo con su creador.
A estas alturas, ya casi podría creer firmemente que, la llegada de Quetzacoaltl a este lado del globo terráqueo a través de cualquiera de la puertas interestelares, como cuenta la tradición mesoamericana, pudo ser perfectamente la propia emanación de Cristo con la personalidad, y los ropajes adecuados al lugar, etnia, y geografía...pero eso de momento aun no lo he investigado...
Ojala llegue un día en que todos los hombres del mundo nos sintamos hermanos.



