Sunday, May 23, 2010

Cierto Terrorismo de Estado.-

La primera baja del terrorismo de Estado suele ser la corrupción del lenguaje, la invención de eufemismos mediante los cuales las palabras significan lo contrario y los eslóganes encubren delitos graves: Ya no existe consenso universal para condenar los crímenes contra la humanidad. Se debe a que los asesinatos y matanzas masivas garantizan la “confianza” del “pueblo”, pues se despoja a los indígenas de sus tierras para que se puedan explotar las minas; desaparecen los trabajadores de las empresas hacia la lista del paro; y la prensa económica internacional solo habla de crisis, y las televisiones, como decimos siempre, de “pan y circo”.

Cuando los dirigentes de Europa y América del Norte abrazan a los narco-presidentes, queda de manifiesto que los delincuentes se han vuelto respetables y las personas respetables,… delincuentes.

Pero en otras regiones otras voces han sentado en el banquillo a criminales de guerra del pasado y el presente. En Argentina, los generales responsables de los desaparecidos pasan sus últimos años de vida entre rejas. En España, Dubai y otros lugares se han emitido órdenes de detención contra mandos del ejército israelí. En Malasia, Tony Blair, cómplice de la guerra genocida de Bush en Iraq, debe eludir ser arrestado por los crímenes de guerra cometidos. Colombia, Estados Unidos e Israel, los epicentros del terrorismo de Estado, están solos en la Asamblea General de Naciones; condenados pero, todavía, no sometidos a juicio. Sus días de impunidad se acaban. Las guerras interminables, la corrupción galopante y las estafas económicas a gran escala (la podredumbre interna) están erosionando la fachada de su poderío militar.

Poniendo de manifiesto las mentiras que sustentan las maquinarias de matar, los escritores e intelectuales desempeñan un papel esencial en la aceleración de este proceso. Empecemos:

Las mentiras de nuestra época

La doctrina de seguridad democrática (ni democrática, ni para la seguridad personal):
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La corrupción del lenguaje acompaña a todos y cada uno de los grandes delitos políticos. El concepto de “seguridad de la democracia” no es una excepción. En el contexto universal actual, asesinar a dirigentes de movimientos sociales para garantizar la reelección de un partido compuesto por asesinos políticos es democrático. “Seguridad” es el eufemismo para aludir a los cementerios clandestinos llenos de sepulturas sin lápida bajo las que hay personas sin nombre. La “libertad de los medios de comunicación” existe cuando proclaman solemnemente otro “triunfo militar importante”… la matanza de campesinos desarmados que estaban labrando sus tierras, se dan estas premisas en todos los continentes, en países situados al lado del colonialismo militar estadounidense.

Los economistas son “expertos” cuando anuncian que la economía está creciendo… y sólo las personas sufren. Los políticos son “estadistas” cuando afirman ser “uno con el pueblo”… excepto con los desposeídos por la fuerza y los familiares de los muertos y desaparecidos; los muertos y los desposeídos todavía tienen que apreciar a ese Uno que asegura ser tal “con el pueblo”. ¿Con que pueblo?.

Cuando se afirma que la guerra es la paz, que la militarización es seguridad y que las desigualdades son justicia social, sólo quienes no alcanzan a comprender estas Verdades Oficiales deben temer que llamen a su puerta a medianoche, o a primera hora de la mañana.

La definición oficial de terrorista

Se trata a veces de una persona que no consigue comprender que la senda que conduce a la paz pasa por gastar miles de millones de dólares en aviones de guerra, helicópteros de combate, bases militares y en subcontratar a asesores militares y mercenarios para la PACIFICACIÓN. ¿ Ejércitos llevando la Paz?. Yo diría, invadiendo la Soberanía.

Los enemigos de las conversaciones de paz

Somos, esos grupos de defensa de los derechos humanos que nos oponemos a la matanza de adversarios y proponemos diálogos en lugar de monólogos con los enemigos de la paz; sólo los monólogos garantizan que haya una “verdad oficial”, y no otra.

El precio de la prosperidad

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la pobreza, el desempleo y los salarios bajos son el precio de la democracia y la prosperidad… pero sólo si son los trabajadores y los campesinos quienes pagan el precio y los ricos los únicos que prosperan.

La nueva definición de subversión

Recordemos y castiguemos los crímenes contra la humanidad del pasado y del presente, pero tomemos la delantera en la búsqueda del diálogo entre quienes están dispuestos a mantenerlo, porque constituyen una mayoría que cree en la paz a través de la justicia.