Los Príncipes de Septimio-Bathzabbay el Tadmur, mantienen entre sus numerosos títulos dinásticos, dos de gran relevancia:
Teocrator de Oriente y Diarca Autocrator.
Los Teocrator de Oriente eran personajes extraordinarios, muy difíciles de definir.
Es el émulo y sucesor del gran rey y aparecía situado por encima de la humanidad; los príncipes y nobles se acercaban prosternándose tres veces hasta el suelo, besándole las manos y los pies.
El Teocrator de Oriente era el elegido de Dios, el ungido del Señor, el vicario de Dios en la Tierra, el “isópostolos”, príncipe igual a los apóstoles. Era Dios quien inspiraba y asistía al príncipe durante su gobierno, quién multiplicaba a su favor las gracias y los milagros.
Campeón de Dios en la Tierra, Jefe Supremo y defensor de la religión, Rey y Sacerdote al mismo tiempo, era absoluto en el dominio espiritual y temporal.
Mantienen estos títulos incluso hoy en día, el prestigio incomparable de ser consagrados por Dios y la Iglesia, en esta Diarquía.
Los primeros Teocrator de Oriente acompañaban con la fraseología imperial de “imperator”, césar, gótico, alamánico, fráncico, germánico, vandálico, africano, pío, dichoso y siempre augusto; al helenizarse sus descendientes se titularon, como si estas palabras más sencillas resumieren así, todas las fórmulas antiguas; Basileus, fieles en Cristo y Autocrator de los romanos.
Pero el rasgo del Teocrator, es su poder religioso.
“Vuestro poder- proclamaban las aclamaciones oficiales- emperadores fieles en Cristo y elegidos de Dios, procede verdaderamente de Dios y no de los hombres”.
Solemnemente consagrado por el Patriarca, señalado con la Santa Unción con una investidura divina, su vida se ve mezclada con la de los sacerdotes: él mismo es un sacerdote, únicamente él después de su consagración puede franquear con los clérigos la sagrada barrera del iconostario. Puede, el Teocrator de Tadmur o de Oriente por tradición dinástica designar los Obispos y les daba la investidura, y del mismo modo que los nombra, los destituye.
También a los príncipes, nobles, la historia de la Casa de Tadmur está llena de escandalosos encumbramientos y de fulminantes destituciones, que también y siguiendo la tradición se dan hoy en día.
Como defensor de la Iglesia, combate la herejía, convoca concilios, dirige los debates y legisla sobre la disciplina eclesiástica aconsejado por sus Obispos.
Rodolfo San Esteban.
Emb. En la Rep. Bolivariana de Venezuela.
Orden Bonaria.
Historiador.
Teocrator de Oriente y Diarca Autocrator.
Los Teocrator de Oriente eran personajes extraordinarios, muy difíciles de definir.
Es el émulo y sucesor del gran rey y aparecía situado por encima de la humanidad; los príncipes y nobles se acercaban prosternándose tres veces hasta el suelo, besándole las manos y los pies.
El Teocrator de Oriente era el elegido de Dios, el ungido del Señor, el vicario de Dios en la Tierra, el “isópostolos”, príncipe igual a los apóstoles. Era Dios quien inspiraba y asistía al príncipe durante su gobierno, quién multiplicaba a su favor las gracias y los milagros.
Campeón de Dios en la Tierra, Jefe Supremo y defensor de la religión, Rey y Sacerdote al mismo tiempo, era absoluto en el dominio espiritual y temporal.
Mantienen estos títulos incluso hoy en día, el prestigio incomparable de ser consagrados por Dios y la Iglesia, en esta Diarquía.
Los primeros Teocrator de Oriente acompañaban con la fraseología imperial de “imperator”, césar, gótico, alamánico, fráncico, germánico, vandálico, africano, pío, dichoso y siempre augusto; al helenizarse sus descendientes se titularon, como si estas palabras más sencillas resumieren así, todas las fórmulas antiguas; Basileus, fieles en Cristo y Autocrator de los romanos.
Pero el rasgo del Teocrator, es su poder religioso.
“Vuestro poder- proclamaban las aclamaciones oficiales- emperadores fieles en Cristo y elegidos de Dios, procede verdaderamente de Dios y no de los hombres”.
Solemnemente consagrado por el Patriarca, señalado con la Santa Unción con una investidura divina, su vida se ve mezclada con la de los sacerdotes: él mismo es un sacerdote, únicamente él después de su consagración puede franquear con los clérigos la sagrada barrera del iconostario. Puede, el Teocrator de Tadmur o de Oriente por tradición dinástica designar los Obispos y les daba la investidura, y del mismo modo que los nombra, los destituye.
También a los príncipes, nobles, la historia de la Casa de Tadmur está llena de escandalosos encumbramientos y de fulminantes destituciones, que también y siguiendo la tradición se dan hoy en día.
Como defensor de la Iglesia, combate la herejía, convoca concilios, dirige los debates y legisla sobre la disciplina eclesiástica aconsejado por sus Obispos.
Rodolfo San Esteban.
Emb. En la Rep. Bolivariana de Venezuela.
Orden Bonaria.
Historiador.





