Tuesday, August 18, 2009

En el fin del Mundo.-

Hoy mostramos algunas imágenes de Mons. Alfredo, por tierras de Amaicha del Valle, su búsqueda con el Chamán y Hermano Héctor Cruz, de piedras de poder, para el santuario de la Orden Bonaria, en dónde todas las religiones están presentes como símbolo de la Unidad Humana.

Un gran vacío, fuente de inspiración embarga todo, y Pachamama está presente.


Al mismo tiempo que el Mundo Maya se desintegraba, y que Europa emergía de su edad oscura, una civilización que con el tiempo los españoles aglutinaría bajo el nombre de "Diaguita" o "Calchaquí " florecía entre las arenas calientes del Noroeste Argentino.
Esta gran familia étnica si bien compartía gran cantidad de rasgos sociales, culturales y económicas, se diferenciaba internamente como pueblos de Hualfines, Pacciocas, Tolombones, Colalaos, Chuschas, Kilmes, Amaichas, Tafies y otros.

Uno de estos pueblos originarios son los Amaichas quienes han vivido en su territorio, según sus fuentes orales, los estudios arqueológicos y las crónicas dejadas por los españoles, desde aproximadamente el 1.000 de la era cristiana.


“Hoy, con más de 1000 años de historia nos encontramos en una etapa de reorganización como nación india, reconocida tanto internacional (Convenio 169 OIT), nacional (Constitución Nacional Art. 75º inc.15) y provincialmente (Constitución de la Provincia de Tucumán Art.149).

Los últimos 300 años de nuestra existencia han sido años muy difíciles, hemos debido soportar constantes intentos por avasallar nuestra cultura indígena, nuestro pasado calchaquí, y nuestro territorio soberano. Pero como somos hijos de esta Pacha, hemos soportado todo esto y merced a nuestras luchas hemos conseguido el reconocimiento del estado argentino como pueblo pre-existente…”



Amaicha del Valle es una Comunidad Indígena del Pueblo Diaguita Calchaquí que fundamenta su condición de tal invocando un documento histórico muy antiguo: la "Cédula Real de 1716". Como Comunidad Indígena, tiene sus instituciones ancestrales, tales como el Cacicazgo y el Consejo de Ancianos. También tiene un extenso territorio que, en la actualidad cubre desde el Abra de El Infiernillo, continuando por las Cumbres Calchaquíes hacia el Norte, hasta el Cerro Pabellón y, en dirección Oeste hasta la rivera este del Río Santa María.


El estado de la provincia de Tucumán tiene presencia en el territorio Amaicha a través de diversas instituciones, entre otras la Comuna Rural de Amaicha del Valle.

Está ubicada en el departamento Tafí del Valle, en el noroeste de la provincia de Tucumán, Argentina, a 164 km de la capital provincial, San Miguel de Tucumán y a 57 km de la cabecera departamental Tafí del Valle.
Se comunica con la ciudad de San Miguel de Tucumán por las RN 38 y RP 307.
Se encuentra al este de la RN 40, desde la que se accede de dos maneras: por el norte a través de RP 357 (14 km), o por el sur a través de RP 307 desde la ciudad de Santa María (Catamarca) (20 km).
CEDULA REAL DE 1716

“En esta ciudad de Buenos Aires, a los seis días del mes de Mayo de mil setecientos cincuenta y tres, ante mi el Escribano de Hacienda, Cabildo y Guerra, se presentó un Indio de edad como de setenta y cinco años con orden de su Excelencia el Señor Gobernador y Capitán General Don Antonio de Andonaegui, para que le diese testimonio de los títulos de las tierras de sus Indios: dicha orden la agrego a los títulos de su referencia, etcétera.- TESTIMONIO “Nos los Gobernadores Don Francisco de Nievar y Don Jerónimo Luis de Cabrera y los Jefes de su Majestad Real Don Pedro Díaz Doria y Don Francisco de Lamercado de Villacorta reunidos en este paraje de Encalilla para dar la posesión real al Cacique de los pueblos del Bañado de Quilmes, San Francisco, Tio-punco, Encalilla y Amaicha Don Francisco Chapurfe quien nos manifestó la Cédula Real que antes dimos, el año de mil setecientos diez y seis en el mes de Apriles, en la que se manifiesta que al ser bautizado su padre el cacique de la Ciudad de Quilmes y de todos estos Pueblos, Don Diego Utibaitina, se labró y selló con nuestros nombres un algarrobo grande, y estando reunida toda la gentilidad de Bacamaca y lagunas, se le hizo abrazar dicho algarrobo, coger agua en una timbe de asta, actos en señal de la posesión de tierras de dichos Pueblos; entrepasándose estata tui terras, quedó en nombre amparado y amparaos; entre dos dipes: y que en ningún tiempo os han de quitar persona alguna; ome os han dado los españoles estas tierras y antes si fuesen amparadas dichas tierras que son: desde el algarrobo sellado línea recta al Naciente hasta dar con una loma picasa en el punto del Masao, y de allí por la cuchilla de Aguila Guaci hasta dar con la cima de los Lampazos, y de allí tomando para el Sud el cordón que bota las aguas para el Valle hasta dar con el Nevado, y se vuelve para el Norte por el cordón que bota las aguas para Tafin hasta llegar a la abra que forma el camino que va para este punto y de allí se mira al Cerro que está entre Nor-Este hasta dar con el cordón que bota las aguas para el Tucumán, y volviendo por este rumbo para el Poniente se toma la línea del algarrobo escrito a la abra del Sud del Morro de San Francisco que mira directamente a la puerta del Chiflón del Río de Bacamaca; y por el Norte hasta el Neayacocah, y de allí línea recta al Naciente a un morro alto y siguiendo la línea hasta el cordón que bota las aguas para el Tucumán y volviendo al Neayacocach huye arriba al campo del Moyar, en donde plantamos una Cruz Grande, y de allí se tira línea recta al Poniente al Cerro Grande que está frente a Colalao; quedando este punto y Tolombón y el paraje del Sud de estos pueblos, llamado el Puesto, prestados por el tiempo de seis años en poder de Don Pedro Díaz Doria, para se pastear y invernar tropas de mulas del Ejército real, gracia que se hizo, por haberse empeñado en cuidado con toda su pía armada a nombre de su Majestad Real y el paraje de Tafín arrendado a Don Francisco de Lamercado de Villacorta, para se pacer cabras y ovejas de Castilla; Bajo cuyos límites damos la posesión real, temporal y corporal al susodicho Cacique, para él, su Indiada, sus herederos y sucesores: Y ordenamos al Gran Sánchez que está siete leguas de Tucumán abajo, deje venir a los Indios que se le encomendaron por el referido tiempo de diez años para que instruidos volviesen todos a sus casas como dueños legítimos de aquellas tierras, para que las posean ellos y sus descendientes. Y así firmamos este acto de Posesión Real en el referido paraje de Encalilla, en dicho día, mes y año=Francisco de Nievar=Gerónimo Luis de Cabrera=Pedro Díaz Doria=Francisco de Lamercado de Villacorta=” Es copia fiel de su original al que me refiero en caso necesario; en fe de ello, firmo la presente, fecha ut supra=Entre líneas=año de mil setecientos diez y seis y mes de Apriles=vale un signo=Martín Rodríguez: Escribano de Hacienda y Guerra”.-


Conocida también como Mama Pacha, la Pachamama es la diosa suprema honrada por los pueblos aborígenes que habitan el Noroeste Argentino, Bolivia y Perú. Ella es considerada la madre (Mama) que engendra la vida, la nutre y la protege. Su nombre es popularmente traducido como “Madre Tierra”, aunque el significado arcaico de “Pacha” no estaba solamente referido a la tierra sino al universo y al tiempo. Ella es todo lo que existe al igual que lo fueron Gaia, para los antiguos griegos; Tonantzin para los mexicanos; Anat en la Mesopotamia y Al-Lat en los actuales países árabes, entre otras divinidades femeninas con atributos similares.



El día de la Pachamama se celebra el primero de agosto, aunque sus fiestas se extienden durante todo este mes, que está consagrado enteramente a Ella. Ese día la comunidad se dirige hacia un pozo ceremonial que es marcado con piedras para reconocer el lugar tras año tras año. Allí se entierra comida cocida, hojas de coca, granos y harina de maíz, vino, cigarros y chicha para alimentar a la Madre Tierra y pedirle permiso para “herirla”, ya que es la época en que dará comienzo la siembra. Estos pozos donde se depositan las ofrendas se denominan “apachetas” y guardan una simbología que venera a la Diosa Triple: las piedras con las que se cubre representan a la Pachamama del cielo (Janaj Pacha); las ofrendas, a la Pachamama del suelo (Kay Pacha), y el pozo a la Pachamama que es la reina del Mundo Subterráneo (Ukhu Pacha).


Las ceremonias siempre son asistidas por un hombre y una mujer, pues, según la creencia religiosa de estos pueblos, ambos fueron creados iguales en la pareja primordial que emergió del Lago Titicaca, compuesta por Mama Ocllo y Manco Capac.

Otro ritual importante en esta época consiste en comenzar a labrar los campos de un modo ceremonial: mientras el hombre “hiere” la tierra con un arado que tiene forma de lanza, la mujer planta la semilla.

Su “chakana” o calendario es una rueda medicinal que comienza con el año nuevo andino el 21 de junio, día del solsticio de invierno. Al igual que en todos los calendarios de los llamados pueblos originarios, se suceden 8 grandes festividades que coinciden con equinoccios, solsticios y el tiempo que media entre éstos.




El equinoccio de primavera, el 22 de septiembre, marca el período de lluvias mientras que el 2 de noviembre y el solsticio de verano (22 de diciembre) señalan la etapa de crecimiento de las plantas. El 2 de febrero es la época del florecimiento de la generosa Madre Tierra o “Sisa Pacha”. Los ritos consisten en recoger flores silvestres y colocarlos en la cabeza de las personas más respetadas, junto con agua recogida de las vertientes. Esta fiesta coincide con el carnaval occidental pero no comparte con él el mismo simbolismo. El 22 de marzo tiene lugar la cosecha, con ritos de agradecimiento por la generosidad de la naturaleza y de pedidos a la Madre por la renovación de la tierra. El 5 de mayo, finalmente, se honra a la Cruz del Sur, Guardiana y Guía que está en el cielo, que marca las cuatro direcciones (el eje de la rueda) e indica los distintos ciclos del cultivo.



Como Diosa de la tierra, los ritos en su honor dan cuenta de un tipo de espiritualidad que no es ajena a la materia, en oposición a la huida del cuerpo que proponen las religiones patriarcales. Al igual que todas las religiones basadas en el culto a la Madre, las celebraciones a la Pachamama incluyen el respeto por todos los seres vivientes, por cuanto ellos no solamente son el fruto de Su Creación sino que forman parte de Ella misma. Sus seguidoras y seguidores no pretenden “dominar” a la Naturaleza sino protegerla y cuidarla, como una manera de devolver a la Madre todo lo que la Madre les brinda con generosidad.