Saturday, January 06, 2007

MENSAJE ONOMÁSTICA 2.007



En el Xº aniversario como Jefe Jurídico de la Dinastía de los Septimio-Bahtzabbay el Tadmur, de sus Instituciones, Príncipe Katólicos de Oriente,en nombre de la Familia Imperial, quiero agradecer a todos nuestros Nobles, colaboradores y personas afines a la Tradición Política y Espiritual de la que somos Custodios; su apoyo y trabajo diario.
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Como Dinastía Cristiana, y comprendiendo que la piedra angular del Cristianismo es el hecho de que Dios asumió nuestra humanidad en la persona de Jesús de Nazareth. Lo hizo en ese niño que nació con la señal del perseguido, del pobre, del sin techo –un pesebre fue su primera cama.
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Al verlo nacer, su madre y su padre huyeron a tierra extraña para protegerlo; lo arriesgaron todo por salvarle la vida. Salieron a tierra desconocida en busca de un lugar seguro para su hijo hasta que el peligro que le amenazaba se desvaneciera. La incertidumbre, el desconsuelo de sentirse solos en tierra ajena, era su pan diario. Para la Casa Imperial, ese puede ser el resumen de nuestra vida y de nuestra misión por los más necesitados, por los olvidados, los marginados, los que sufren en silencio el peso de su humanidad.
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Sin embargo, si en el credo cristiano Dios se hizo hombre para compartir nuestras tribulaciones y flaquezas, ese pasaje histórico ejemplar debe llenar de esperanza a cualquiera que se sienta humano en lo más íntimo de su ser. Porque el mejor santo y el peor pecador comparten esa humanidad que el Nazareno asumió. No estamos solos, el Todopoderoso comparte nuestra lucha, está de nuestro lado, Dios se hizo solidario con nuestra frágil humanidad. Por lo tanto, no hay cabida para la desesperación y, al final, encontraremos la paz que anhelamos. Quienes hemos dejado nuestras tierras, nos podemos identificar con esa experiencia del Nazareno y su mensaje de Esperanza y Paz.
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Muchos de nosotros tuvimos que huir de guerras fratricidas, de la persecución política a un exilio incierto. Por eso comprendemos, a estos hermanos que, en medio de la carencia y la pobreza, tuvieron que lanzarse a un mundo desconocido y cruzar fronteras con la esperanza de conseguir el pan para sí mismos y para sus seres queridos que dejaron atrás con un corazón atribulado, en medio del desconsuelo. Muchos dejaron a sus hijos para labrar un futuro mejor para ellos en tierra extraña. Así que el ejemplo de la familia de Jesús, María y José nos sirve para mantener la esperanza de que algún día podamos proveer, si no todo, por lo menos lo esencial para nuestros necesitados. Allí en cada corazón vive la misma esperanza que animó a la familia de Nazareth en el exilio, en el sufrimiento y en la pobreza.
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Si bien para el cristiano, Jesús compartió Nuestra flaqueza y Nuestra humanidad, al mismo tiempo continuó como el Ser Divino que pudo traspasar la frontera de la vida y la muerte para compartir el mensaje de Paz que anima a tantos corazones en estos días. Después de todo, ese mensaje de Jesús enseña que la humanidad no tiene que permanecer sumida en un mundo oscuro y cruel y que sobre todo –como seres humanos– la Paz es destino personal y colectivo.
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No queremos tal día como hoy, olvidarnos de los niños. Cada día mueren 35,000 niños de hambre. Es realmente, un genocidio de proporciones impresionantes, al que asistimos impasibles, y no buscamos culpables. Al mismo tiempo, se calcula que el gasto diario en armamento es de 2.800 millones de dólares y los subsidios agrícolas de los Estados Unidos y de la Unión Europea rondan los 800 millones diarios. No hay fondos para el tratamiento del SIDA... pero los beneficios del complejo industrial bélico–militar dirigen en buena medida la economía mundial. Es apremiante compartir justamente. No hay mejor caldo de cultivo de la radicalización, la animadversión y la agresividad que la humillación y la exclusión, todo esto nos lleva a las guerras y al desorden social.
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En lugar de fortalecer el multilateralismo y dotar a las Naciones Unidas de los medios y autoridad necesarios para emprender un gran plan global de desarrollo en beneficio de todos, se siguen explotando los recursos naturales de países progresivamente empobrecidos cuya ciudadanía se ve forzada a emigrar en circunstancias que con frecuencia constituyen un agravio a su dignidad. No es con votos cautivos, con obediencia ciega y con temor como se construye y consolida la Soberanía genuina.
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No es con guerras de codicia, con demostraciones de fuerza, acciones bélicas e invasiones dirigidas por intereses económicos y energéticos -que generan una espiral de violencia, de acción y reacción, de intervención y represalia- como puede hacerse frente a los grandes desafíos y asimetrías de todo orden que presenta la situación mundial.
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Al perderse el contexto de Soberanía Teocrática, los gobernantes abdicaron de sus responsabilidades políticas, sustituyendo valores universales por las leyes del mercado. El resultado ha sido la concentración de la riqueza en unas cuantas manos y la ampliación de las brechas sociales y económicas.
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Hay que exigir a los gobernantes, a través de un auténtico clamor a escala mundial, que den prioridad al cumplimiento de los Objetivos del Milenio, pero sin falsa moral, reflejada en un día que alimenta la falsa conciencia del individuo, sino en cada uno de nuestros actos diarios.
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Ha llegado el momento de la no resignación, de la implicación personal.
Proclamamos, una vez más, que no justificamos los atentados y la violencia, venga de donde venga.
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Condenamos todo tipo de terrorismo: el de los grupos ocultos en las sombras y el terrorismo de Estado. Nos sentimos apenados por el atentado sufrido en la terminal T4, en Madrid, por parte de la Banda terrorista ETA.
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Se ha utilizado la tortura, el trato cruel y degradante, violando reiteradamente el derecho internacional y humanitario.
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Es necesario que la Comunidad Internacional ponga fin a la barbarie, a las masacres. Como se establece en la Carta de las Naciones Unidas son los pueblos los que deben decidir sobre su destino. Debemos sumar con apremio voces de todos los pueblos del mundo para decir: ¡BASTA! NO A LA GUERRA Y A LA VIOLENCIA.
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Hemos callado en exceso. Ahora se acabó el silencio. Los pueblos elevarán su voz. La guerra es una tragedia para todos. Es urgente desarmar la razón armada. Hoy más que nunca son necesarios la capacidad de diálogo y de alianza, el compromiso de intentar la resolución pacífica de conflictos, fomentando actitudes de encuentro y respeto a los demás, mediante la aplicación cotidiana de los Derechos Humanos.
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Es necesario cambiar el curso de los acontecimientos a través de acciones colectivas, desarrollando la solidaridad entre los pueblos. Es urgente que los intelectuales, artistas, educadores, científicos... abandonen su pasividad y pasen a la acción. Sólo así sus escritos y sus palabras serán creíbles y podrán contribuir a sumar sus esfuerzos a los de muchos otros para detener la locura de la guerra, de la confrontación y de la violencia.
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Ha llegado el momento de la gente. Y, sobre todo, de los jóvenes, de los hombres y mujeres que reclaman otro mundo posible. Las instituciones y medios de comunicación deben ayudar a la ciudadanía mundial para que, por fin, dejen de ser espectadores y desempeñen su función de protagonistas en el diseño del futuro. Los Príncipes, los Nobles, las Órdenes tanto iniciáticas, como caballerescas, los gobernantes, parlamentarios, miembros de los Consejos Municipales... tienen una especial responsabilidad en este cambio histórico.
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Ha llegado también el momento de las culturas y religiones más diversas para que, unidas por la solidaridad y amor al prójimo que les es inherente, se sitúen en la vanguardia del rescate de la dignidad humana.
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Es necesario que los pueblos asuman la resistencia social, cultural, política y espiritual a través de movilizaciones, de la no cooperación a la violencia e injusticia, de sumar esfuerzos con otros pueblos y denunciar a los responsables de dominaciones y del dolor que afecta la humanidad.
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Hay que ponerse en pie, en pie de paz y caminar hacia nuevos horizontes de vida y no de muerte. A pesar de todo, esa es la esperanza.
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Por cuanto antecede, con la mirada puesta en las generaciones venideras, hacemos un llamamiento a todos quienes se sientan igualmente concernidos para que manifiesten pacíficamente, a través de todos los medios a su alcance, presenciales y virtuales, en su adhesión a la Paz, la Royal and Imperial House of Orient, mantiene vivas sus tradiciones, colaborando con la Teocracia Ecuménica, en “resucitar” los verdaderos valores nobiliarios; no los de las revistas denominadas “rosas”, sino el designio de valedores de un mundo necesitado.
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Que en medio de la soledad, encontremos la paz del Dios solidario con nuestra pobre humanidad. Que sigamos viviendo con la esperanza de un mundo mejor para todos.

Residencia, 6 de Enero de 2.007 A.D.



Kyrios Yosephos Emmanouèl IIIº O.S+G de Septimio-Bathzabbay el Tadmur.
CONSORS IMPERII,
Mégalogennêtos Kyrios Basileus Basilión.
Theocrator de Oriente.