El corazón de la Orden Bonaria, se halla siempre allí donde ondean sus banderas, y en el caminar por las celdas itinerantes de nuestro Gran Maestre, una le acompaña.
Me acaba de llegar a través de la Secretaría una carta manuscrita del Príncipe, en la que agradece mis artículos y me informa de este suceso:
El día 23 de Abril “La Opinión de Murcia” se hacía eco “parcialmente” del manifiesto del Príncipe de Tadmur. Según me comenta, fue al aula y delante de “doña” Ana, la “maestra” que enseña a los demás presos, leyó la noticia en silencio, dejando el periódico a otro recluso.
Cinco minutos, en megafonía suena un nombre:
-¡Mosquera!.
Nuestro querido Príncipe se acercó y allí una histérica maestra, un carcelero de nombre Francisco, alias “el karateca”, recriminan al Gran Maestre el robo de:
-¿52 millones de euros?
-¿el teléfono de una anciana de Murcia?
-¡¡¡No!!! ¡La nota de prensa de la Opinión de Murcia en la que sale el manifiesto!.
La maestra, cuál bruja de fábula señala con el dedo acusador al Príncipe. El “karateca” levanta la voz, y nuestro hermano resignado, con la cabeza alta, niega la acusación.
Vuelve el carcelero a increpar comentando que es una “sustracción de material del Centro Penitenciario”.
No hay pruebas, ni indicios, pero de nuevo, los dos bonarios son acusados, sacados de su celda, amontonados con otro recluso, 9metros cuadrados, tres personas, sin higiene, ni espejo. Algo ilegal, según la legislación penitenciaria en el Reino de España.
Solo una luz resplandeciente: Su dignidad.
Termina el Gran Maestre Bonario su carta con las siguientes palabras:
“ Lo hice a regañadientes, ya que no me era dado elegir, la verdad debe imponerse, la mentira huye: ahora combato por Mi Familia, la Orden y por Mi Honor”. Ningún espejo mostró mi futuro,¡ Que misteriosos son los senderos de Dios!.
Fr+Rubén García O.B + G.M.
Priorato General de Perú.
Me acaba de llegar a través de la Secretaría una carta manuscrita del Príncipe, en la que agradece mis artículos y me informa de este suceso:
El día 23 de Abril “La Opinión de Murcia” se hacía eco “parcialmente” del manifiesto del Príncipe de Tadmur. Según me comenta, fue al aula y delante de “doña” Ana, la “maestra” que enseña a los demás presos, leyó la noticia en silencio, dejando el periódico a otro recluso.
Cinco minutos, en megafonía suena un nombre:
-¡Mosquera!.
Nuestro querido Príncipe se acercó y allí una histérica maestra, un carcelero de nombre Francisco, alias “el karateca”, recriminan al Gran Maestre el robo de:
-¿52 millones de euros?
-¿el teléfono de una anciana de Murcia?
-¡¡¡No!!! ¡La nota de prensa de la Opinión de Murcia en la que sale el manifiesto!.
La maestra, cuál bruja de fábula señala con el dedo acusador al Príncipe. El “karateca” levanta la voz, y nuestro hermano resignado, con la cabeza alta, niega la acusación.
Vuelve el carcelero a increpar comentando que es una “sustracción de material del Centro Penitenciario”.
No hay pruebas, ni indicios, pero de nuevo, los dos bonarios son acusados, sacados de su celda, amontonados con otro recluso, 9metros cuadrados, tres personas, sin higiene, ni espejo. Algo ilegal, según la legislación penitenciaria en el Reino de España.
Solo una luz resplandeciente: Su dignidad.
Termina el Gran Maestre Bonario su carta con las siguientes palabras:
“ Lo hice a regañadientes, ya que no me era dado elegir, la verdad debe imponerse, la mentira huye: ahora combato por Mi Familia, la Orden y por Mi Honor”. Ningún espejo mostró mi futuro,¡ Que misteriosos son los senderos de Dios!.
Fr+Rubén García O.B + G.M.
Priorato General de Perú.

