Es indispensable la intervención de la Comisión Nacional de Derechos Humanos
Por Gastón Pardo
Un simple y desagradable mensaje ha despertado en mentes enajenadas una frívola controversia en el centro oriental de México, en Veracruz, específicamente en su capital Jalapa. Alguien ha dejado las jaulas de aves rapaces abiertas...y qué recuerdos tan amargos y actuales están dejando para la posteridad
Más que una sociedad dividida en dos hemisferios, que sería lo peor que le ocurriera a México en los momentos tan delicados que vivimos, que estemos divididos por motivos que salen a luz de manera escandalosa y que nos colocan por el prorrogado y mezquino ataque de una minoría cobarde y agazapada, que a cambio de su escaso nivel moral alberga demasiada repercusión y fuerza para los tiempos que corren contra la alcaldesa de Jalapa.
De cara al inicuo ataque, ya vuelto sistemático, que mantiene en vilo a una población merecedora de tranquilidad, respeto y atención adecuada a sus necesidades reales que experimenta de manera cotidiana y que quisiera ver resueltas para vivir mejor, en lugar de los infiernillos artificiales que aparecen en lugar de soluciones en you tube, nadie hace nada y lo más que ocurre es que algún timorato sonría cuando presencia el tormento a que es sometida una mujer por el hecho de serlo, que es, además, bella y que siéndolo no se ajusta a la ortodoxia de las costumbres reinantes, porque allá en el fondo de su ser su preferencia sexual la hace diferente. Y esa diferencia es la que sus cobardes atacantes intentan destacar para que los electores en otra ocasión voten como, según aquéllos, desean.
Elizabeth es culpable de haber captado la preferencia pública para ser alcaldesa por unos sufragantes que conociéndola la eligieron en una justa electoral impecable, pero que, como lo muestran las fotos que son el acta de acusación, les parece a algunos suficiente evidencia de que una mujer homosexual por el hecho de serlo es capaz de las atrocidades administrativas mayores. Elizabeth vive en una sociedad de hombres decididos y ortodoxos en su virilidad, de manera que una mujer que no encaje con ese mundo prevalente debe pagar las consecuencias. Es culpable, entonces, de ineptitud y nepotismo porque es homosexual. Así de dogmática es catalogada la situación personal de una mujer que está viviendo un verdadero infierno por el hecho de ser alcaldesa en una sociedad de hombres y mujeres heterosexuales "a carta cabal".
El nítido y despejado pensamiento de los idealistas más arcaicos de nuestro estado, que son capaces de desencadenar en todo momento la cultura del odio y la fobia a la libertad permanece se recrea en la mente de muchos. Viene a la memoria el caso de la alcaldesa de Papantla, Regina Casado, que fue “juzgada” hace años por unos pelmazos y que fue sacada de la alcaldía no por otra cosa que por la de ser mujer. Las presidencias municipales que siguieron fueron ocupadas por verdaderos cretinos en una cadena sin solución de continuidad, desembocada en nuestra dramática actualidad.
Ni los responsables agazapados creen en la democracia, ni nosotros creemos vivir en ella cuando vemos, curiosa paradoja, el afán de los verdaderos terroristas por manejar el mundo, y el 90% de ese 1% tan poderoso se resguarda en la apetencia más sanguinaria y decimonónica. Y es por ello que recordar cualquier circunstancia o similitud con tiempos
libertarios se convierte en una verdadera odisea. Debe ser la bandera tricolor especial foco de libertad, para que todo lo relacionado con ella se convierta en blanco y motivo de recelo por parte de los inquisidores.
No debió ser demasiado sorpresivo para nadie el pueril quejido de un anónimo personaje (a buen seguro poco familiarizado con el pueblo llano) acusando a su persona de hacer política sin una naturaleza humana apropiada. En los mensajes del atacante no hay una sola palabra justa que sirva al lector para educar a sus propios hijos. La combinación de imágenes y un discurso deplorable cargado deliberadamente de faltas de ortografía obligan a pensar al receptor del mensaje en el dispendio de unos recursos que a tantos hacen falta
En la majadería y simpleza de los ataques se encuentran gran parte de las penas nacionales, pues en numerosas cabeceras municipales continúan intocados alcaldes y personajes íntimamente relacionados con la aspiración de la sociedad a vivir mejor.
Que alguien les explique a los avinagrados cerebros que su inoperancia mental cultiva en última instancia las ansías de lucha. Podremos perdonar la infamia, pero nunca olvidar que el momento de frustración es favorable para acarrear enemistades gratuitas a la atacada. Rindan cuentas todos los jueces a título gratuito día sí y día también; por los cuerpos del orden público, que mirando al sol y a envejecidas águilas escupen a nuestra dignidad.
Tan atiborrados estamos de normalidad que se nos dificulta entender a Elizabeth tal como es ella en toda su plenitud, como mujer y sobre todo como funcionaria. Se nos olvida que a la hora de elegirla para orientar el destino de Jalapa lo hicimos sin pensar, como lo haría una persona adulta, en su vida personal y que en lo que haga en el ámbito de su intimidad es asunto exclusivo de ella. Nadie tiene derecho a transformar una intimidad en un escaparate, y en este sentido, solicitamos la asisencia de los organismos no gubernamentales de derechos humanos. Y desde luego de las comisiones nacional y estatal de Derechos Humanos para que se pronuncien al respecto sin cortapisas por la militancia priista de la difamada.
No más insultos a la opción tomada por los jalapeños a la hora de elegir a su alcaldesa, no más reproches al presente si no somos capaces de proponer una alternativa. Que ardan los símbolos opresores y genocidas; no más impunidad al pensamiento fascista. Y es que el terrorismo de sus atacantes no es condenado, tan siquiera mencionado. Que sigan alardeando de un derecho prostituido a críticas, que mientras ondeen banderas de odio tendrá el mismo valor que un cero a la izquierda. Su mediocridad es verdadero enaltecimiento del terrorismo, y no alzar la voz clamando libertad.
La clase política veracruzana ha estado sufriendo ataques en las últimas semanas. La figura de Elizabeth por ser considerada la más vulnerable es que está sirviendo de para-rayos. Pero nadie estará a salvo de la impunidad si esta situación se prolonga.
Por Gastón Pardo
Un simple y desagradable mensaje ha despertado en mentes enajenadas una frívola controversia en el centro oriental de México, en Veracruz, específicamente en su capital Jalapa. Alguien ha dejado las jaulas de aves rapaces abiertas...y qué recuerdos tan amargos y actuales están dejando para la posteridad
Más que una sociedad dividida en dos hemisferios, que sería lo peor que le ocurriera a México en los momentos tan delicados que vivimos, que estemos divididos por motivos que salen a luz de manera escandalosa y que nos colocan por el prorrogado y mezquino ataque de una minoría cobarde y agazapada, que a cambio de su escaso nivel moral alberga demasiada repercusión y fuerza para los tiempos que corren contra la alcaldesa de Jalapa.
De cara al inicuo ataque, ya vuelto sistemático, que mantiene en vilo a una población merecedora de tranquilidad, respeto y atención adecuada a sus necesidades reales que experimenta de manera cotidiana y que quisiera ver resueltas para vivir mejor, en lugar de los infiernillos artificiales que aparecen en lugar de soluciones en you tube, nadie hace nada y lo más que ocurre es que algún timorato sonría cuando presencia el tormento a que es sometida una mujer por el hecho de serlo, que es, además, bella y que siéndolo no se ajusta a la ortodoxia de las costumbres reinantes, porque allá en el fondo de su ser su preferencia sexual la hace diferente. Y esa diferencia es la que sus cobardes atacantes intentan destacar para que los electores en otra ocasión voten como, según aquéllos, desean.
Elizabeth es culpable de haber captado la preferencia pública para ser alcaldesa por unos sufragantes que conociéndola la eligieron en una justa electoral impecable, pero que, como lo muestran las fotos que son el acta de acusación, les parece a algunos suficiente evidencia de que una mujer homosexual por el hecho de serlo es capaz de las atrocidades administrativas mayores. Elizabeth vive en una sociedad de hombres decididos y ortodoxos en su virilidad, de manera que una mujer que no encaje con ese mundo prevalente debe pagar las consecuencias. Es culpable, entonces, de ineptitud y nepotismo porque es homosexual. Así de dogmática es catalogada la situación personal de una mujer que está viviendo un verdadero infierno por el hecho de ser alcaldesa en una sociedad de hombres y mujeres heterosexuales "a carta cabal".
El nítido y despejado pensamiento de los idealistas más arcaicos de nuestro estado, que son capaces de desencadenar en todo momento la cultura del odio y la fobia a la libertad permanece se recrea en la mente de muchos. Viene a la memoria el caso de la alcaldesa de Papantla, Regina Casado, que fue “juzgada” hace años por unos pelmazos y que fue sacada de la alcaldía no por otra cosa que por la de ser mujer. Las presidencias municipales que siguieron fueron ocupadas por verdaderos cretinos en una cadena sin solución de continuidad, desembocada en nuestra dramática actualidad.
Ni los responsables agazapados creen en la democracia, ni nosotros creemos vivir en ella cuando vemos, curiosa paradoja, el afán de los verdaderos terroristas por manejar el mundo, y el 90% de ese 1% tan poderoso se resguarda en la apetencia más sanguinaria y decimonónica. Y es por ello que recordar cualquier circunstancia o similitud con tiempos
libertarios se convierte en una verdadera odisea. Debe ser la bandera tricolor especial foco de libertad, para que todo lo relacionado con ella se convierta en blanco y motivo de recelo por parte de los inquisidores.
No debió ser demasiado sorpresivo para nadie el pueril quejido de un anónimo personaje (a buen seguro poco familiarizado con el pueblo llano) acusando a su persona de hacer política sin una naturaleza humana apropiada. En los mensajes del atacante no hay una sola palabra justa que sirva al lector para educar a sus propios hijos. La combinación de imágenes y un discurso deplorable cargado deliberadamente de faltas de ortografía obligan a pensar al receptor del mensaje en el dispendio de unos recursos que a tantos hacen falta
En la majadería y simpleza de los ataques se encuentran gran parte de las penas nacionales, pues en numerosas cabeceras municipales continúan intocados alcaldes y personajes íntimamente relacionados con la aspiración de la sociedad a vivir mejor.
Que alguien les explique a los avinagrados cerebros que su inoperancia mental cultiva en última instancia las ansías de lucha. Podremos perdonar la infamia, pero nunca olvidar que el momento de frustración es favorable para acarrear enemistades gratuitas a la atacada. Rindan cuentas todos los jueces a título gratuito día sí y día también; por los cuerpos del orden público, que mirando al sol y a envejecidas águilas escupen a nuestra dignidad.
Tan atiborrados estamos de normalidad que se nos dificulta entender a Elizabeth tal como es ella en toda su plenitud, como mujer y sobre todo como funcionaria. Se nos olvida que a la hora de elegirla para orientar el destino de Jalapa lo hicimos sin pensar, como lo haría una persona adulta, en su vida personal y que en lo que haga en el ámbito de su intimidad es asunto exclusivo de ella. Nadie tiene derecho a transformar una intimidad en un escaparate, y en este sentido, solicitamos la asisencia de los organismos no gubernamentales de derechos humanos. Y desde luego de las comisiones nacional y estatal de Derechos Humanos para que se pronuncien al respecto sin cortapisas por la militancia priista de la difamada.
No más insultos a la opción tomada por los jalapeños a la hora de elegir a su alcaldesa, no más reproches al presente si no somos capaces de proponer una alternativa. Que ardan los símbolos opresores y genocidas; no más impunidad al pensamiento fascista. Y es que el terrorismo de sus atacantes no es condenado, tan siquiera mencionado. Que sigan alardeando de un derecho prostituido a críticas, que mientras ondeen banderas de odio tendrá el mismo valor que un cero a la izquierda. Su mediocridad es verdadero enaltecimiento del terrorismo, y no alzar la voz clamando libertad.
La clase política veracruzana ha estado sufriendo ataques en las últimas semanas. La figura de Elizabeth por ser considerada la más vulnerable es que está sirviendo de para-rayos. Pero nadie estará a salvo de la impunidad si esta situación se prolonga.



