Thursday, September 29, 2011

LIBRO DEL DIA.- Agatha Christie: Noche eterna.-

Idioma original: inglés
Título original: Endless Night
Año de publicación: 1967
Valoración: Está bien

Los que lleven con nosotros aquí en ULAD algún tiempo, probablemente sepan ya de mi debilidad por la novela policiaca, uno de esos placeres culpables que uno asume y que no me avergüenzo de reconocer. Y dentro de esta perversión mía, últimamente he empezado a recuperar a Agatha Christie, una autora a la que leí batante en mi adolescencia y que había abandonado desde entonces (y que, por cierto, tuvo una vida de lo más interesante: hay por ahí dos autobiografías suyas que no estaría mal reseñar algún día).

La mayoría de los libros de Christie siguen el esquema típico de las novelas policiacas: planteamiento y presentación de personajes (que en Agatha Christie suele ser inusualmente extenso), crimen, investigación a cargo del detective de turno, resolución. Pero los dos últimos que he leído rompen ese esquema: Los elefantes pueden recordar, porque el crimen se produce doce años antes de la investigación; y Noche eterna porque, durante la casi totalidad de la novela, no hay crimen.

En realidad, Noche eterna es casi una novela gótica, o amaga con serlo, más que una novela policiaca. Cuenta, en primera persona, la historia de Michael Rogers, un joven vividor que se enamora de una señorita millonaria, y se traslada con ella al Campo del Gitano, un terreno supuestamente maldito. Pero que nadie espere tampoco una novela de casas encantadas: la mayor parte del texto se refiere a los asuntos familiares de los dos protagonistas, sus difíciles relaciones con madres, madrastras, tíos, nodrizas y demás. Muy poca acción, muchas insinuaciones, algunos indicios de lo sobrenatural, mucho enredo social.

Tanto Los elefantes pueden recordar como Noche eterna demuestran que, en el momento de escribirlas, Agatha Christie dominaba ya el género policiaco como nadie, y por eso mismo podía permitirse subvertirlo, hacerle modificaciones, jugar con él y hasta darle le vuelta como un calcetín. En este caso parece haberse metido en el traje de Patricia Highsmith (su Michael Rogers no está muy lejos del "talentoso Mr. Ripley", que seguro que Christie conocía), aunque da la impresión de que para que le termine de sentir bien el traje le falta un poco de mala leche o de mala entraña.

Vamos, que no está mal, pero yo me quedo con Agatha Christie cuando es más puramente Agatha Christie: cuando Poirot nos enseña su bigote y se pone manos a la obra.