“No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”.
Esta es una de las Analectas más conocidas, una de las variaciones de la Regla de Oro- sentencia de la ética de la reciprocidad común a todas las grandes religiones-, del maestro Kong, al que conocemos por su nombre latinizado Confucio. Filósofo chino del siglo VI a.C , es decir, un filósofo de hace mucho, mucho tiempo, y de una tierra muy, muy lejana. Y porqué matizo estas dos características: pues porque a pesar de la enorme distancia espacio-temporal que nos separa de su persona, sus pensamientos, transmitidos a través de sus numerosos discípulos, nos llegan hoy como escritos ayer mismo en la habitación de al lado de nuestro salón- y no, no en el templo más cercano, pues Confucio, aunque hombre piadoso, no hacía mucho caso de los designios divinos y cargaba de toda responsabilidad al ser humano. Así pues, perfectamente podría escribirlo en esa habitación al lado de nuestra sala.
Las Analectas, o Lun Yu, son una compilación d
e sentencias recogidas unos treinta-cuarenta años tras la muerte del maestro por sus discípulos. En algunas se ha reconocido la mano de estos propios transcriptores que variaban el pensamiento de su maestro adaptándolo a su momento particular. Pero la esencia es la misma. Para terminar con el aspecto formal de la obra diremos que forma parte de los Cuatro Libros Clásicos del confucianismo, siendo este el tercero y el único de autoría atribuida al propio Confucio. Los Cuatro Libros eran de estudio obligatorio hasta hace poco, y siguen formando parte esencial de la cultura y pensamiento chinos.
Se trata de una obra ética y moral que enseña al lector a alcanzar la sabiduría . Bueno, más bien a perseguirla, porque el propio maestro reconocía no haber alcanzado el máximo en ninguno de sus tres principios. Estos tres principios del confucianismo son: Li, Yi y Ren. Li es la norma ideal del comportamiento; Yi, es la virtud de la justicia y la reciprocidad; y Ren, la virtud de la bondad y la benevolencia.
Una obra para reflexionar sobre uno mismo y sobre la naturaleza humana universal pues, aunque escrito en China, a miles y miles de kilómetros de aquí, y hace dos mil quinientos años, todos somos seres humanos que buscan la respuesta a las mismas preguntas, una y otra vez.
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Esta es una de las Analectas más conocidas, una de las variaciones de la Regla de Oro- sentencia de la ética de la reciprocidad común a todas las grandes religiones-, del maestro Kong, al que conocemos por su nombre latinizado Confucio. Filósofo chino del siglo VI a.C , es decir, un filósofo de hace mucho, mucho tiempo, y de una tierra muy, muy lejana. Y porqué matizo estas dos características: pues porque a pesar de la enorme distancia espacio-temporal que nos separa de su persona, sus pensamientos, transmitidos a través de sus numerosos discípulos, nos llegan hoy como escritos ayer mismo en la habitación de al lado de nuestro salón- y no, no en el templo más cercano, pues Confucio, aunque hombre piadoso, no hacía mucho caso de los designios divinos y cargaba de toda responsabilidad al ser humano. Así pues, perfectamente podría escribirlo en esa habitación al lado de nuestra sala.
Las Analectas, o Lun Yu, son una compilación d
e sentencias recogidas unos treinta-cuarenta años tras la muerte del maestro por sus discípulos. En algunas se ha reconocido la mano de estos propios transcriptores que variaban el pensamiento de su maestro adaptándolo a su momento particular. Pero la esencia es la misma. Para terminar con el aspecto formal de la obra diremos que forma parte de los Cuatro Libros Clásicos del confucianismo, siendo este el tercero y el único de autoría atribuida al propio Confucio. Los Cuatro Libros eran de estudio obligatorio hasta hace poco, y siguen formando parte esencial de la cultura y pensamiento chinos.Se trata de una obra ética y moral que enseña al lector a alcanzar la sabiduría . Bueno, más bien a perseguirla, porque el propio maestro reconocía no haber alcanzado el máximo en ninguno de sus tres principios. Estos tres principios del confucianismo son: Li, Yi y Ren. Li es la norma ideal del comportamiento; Yi, es la virtud de la justicia y la reciprocidad; y Ren, la virtud de la bondad y la benevolencia.
Una obra para reflexionar sobre uno mismo y sobre la naturaleza humana universal pues, aunque escrito en China, a miles y miles de kilómetros de aquí, y hace dos mil quinientos años, todos somos seres humanos que buscan la respuesta a las mismas preguntas, una y otra vez.
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Y de estas escogemos tres para los Bonarios del Mundo.-
“Transporta un puñado de tierra todos los días y construirás una montaña.”
"Si un pájaro te dice que estás loco, debes estarlo, los pájaros no hablan."
"Nuestra mayor gloria no está en no caer jamás, sino en levantarnos cada vez que caigamos."
“Transporta un puñado de tierra todos los días y construirás una montaña.”
"Si un pájaro te dice que estás loco, debes estarlo, los pájaros no hablan."
"Nuestra mayor gloria no está en no caer jamás, sino en levantarnos cada vez que caigamos."



