Esta novela tenía muchas papeletas para no gustarme. Por lo general me molestan esos relatos que juegan con personajes célebres y se mueven entre la frontera de la realidad histórica y la ficción. Sobre todo porque el autor suele estar esperando cualquier oportunidad para desplegar su erudición ante el lector de un modo muy mal disimulado. Por ejemplo: "Entonces vio a uno de sus alumnos más prometedores paseando pensativo por las calles de Viena. Sigmund -pensó- llegaría muy lejos." El lector ata cabos y concluye "Ajá, Sigmund Freud"; da un codazo inteligente al autor y éste le corresponde con un terrón de azúcar.
El pasaje -aunque no es literal- está sacado de este libro, pero hay que admitir que Yalom maneja con bastante equilibrio el reto de hacer ficción sobre personajes conocidos. Y tan conocidos. Ni más ni menos que Freud y Nietzsche, junto a Josef Breuer y Lou Salomé. Los primeros no necesitan presentación. En cuanto a Breuer, el auténtico protagonista, yo desconocía por completo su papel fundamental en el nacimiento del psicoanálisis. Fue maestro de Freud e inventó una terapia contra la histeria basada en la hipnosis. Durante un tiempo trató exitosamente los extraños síntomas de su paciente Anna O. haciéndola rememorar, en trance hipnótico, el origen traumático de sus dolencias. La relación de dependencia que la paciente generó hacia él hizo que Breuer abandonara precipitadamente el caso, pero Freud siguió aplicando y perfeccionando el método con otros pacientes.
La acción de la novela transcurre en Viena en el invierno de 1882, es decir, meses después de que Breuer interrumpiera el tratamiento de Anna O. Yalom presume una obsesión erótica del doctor por su paciente, y de esto, desde luego, no se sabe nada, pero tampoco es imposible. Tampoco hubiera sido imposible la premisa fundamental del argumento: la visita de Nietzsche a Breuer durante ese mismo invierno. Al filósofo le quedaban unos 7 años de vida cuerda y es sabido que su mala salud le obligó a vagar por las consultas más afamadas de Europa. Yalom quiere, además, que sea Lou Salomé quien arregle el encuentro. Esta inteligente y bella mujer fascinó a Nietzsche durante bastante tiempo, aunque ella acabó decantándose por Paul Rée, amigo de ambos.
Pues bien, dicho todo esto, la novela puede parecer un amasijo de anécdotas semi-ficticias destinada a los lectores aquejados de morbo biográfico. En parte sí, pero no sólo. Yalom consigue hacer creíble la relación entre Nietzsche y Breuer, animándola con todo cuanto sabemos de ambos sin caer en un exhibicionismo de erudito. En mi caso, al menos, ha logrado que suspendiera mi incredulidad durante la lectura: y eso que estaba bien dispuesto a no hacerlo. Los diálogos entre ambos son sugerentes y evidencian una construcción compleja, paulatina y sutil de los caracteres. Aceptada la premisa ficticia, engancha y se disfruta. Hay adaptación al cine.
El pasaje -aunque no es literal- está sacado de este libro, pero hay que admitir que Yalom maneja con bastante equilibrio el reto de hacer ficción sobre personajes conocidos. Y tan conocidos. Ni más ni menos que Freud y Nietzsche, junto a Josef Breuer y Lou Salomé. Los primeros no necesitan presentación. En cuanto a Breuer, el auténtico protagonista, yo desconocía por completo su papel fundamental en el nacimiento del psicoanálisis. Fue maestro de Freud e inventó una terapia contra la histeria basada en la hipnosis. Durante un tiempo trató exitosamente los extraños síntomas de su paciente Anna O. haciéndola rememorar, en trance hipnótico, el origen traumático de sus dolencias. La relación de dependencia que la paciente generó hacia él hizo que Breuer abandonara precipitadamente el caso, pero Freud siguió aplicando y perfeccionando el método con otros pacientes.
La acción de la novela transcurre en Viena en el invierno de 1882, es decir, meses después de que Breuer interrumpiera el tratamiento de Anna O. Yalom presume una obsesión erótica del doctor por su paciente, y de esto, desde luego, no se sabe nada, pero tampoco es imposible. Tampoco hubiera sido imposible la premisa fundamental del argumento: la visita de Nietzsche a Breuer durante ese mismo invierno. Al filósofo le quedaban unos 7 años de vida cuerda y es sabido que su mala salud le obligó a vagar por las consultas más afamadas de Europa. Yalom quiere, además, que sea Lou Salomé quien arregle el encuentro. Esta inteligente y bella mujer fascinó a Nietzsche durante bastante tiempo, aunque ella acabó decantándose por Paul Rée, amigo de ambos.
Pues bien, dicho todo esto, la novela puede parecer un amasijo de anécdotas semi-ficticias destinada a los lectores aquejados de morbo biográfico. En parte sí, pero no sólo. Yalom consigue hacer creíble la relación entre Nietzsche y Breuer, animándola con todo cuanto sabemos de ambos sin caer en un exhibicionismo de erudito. En mi caso, al menos, ha logrado que suspendiera mi incredulidad durante la lectura: y eso que estaba bien dispuesto a no hacerlo. Los diálogos entre ambos son sugerentes y evidencian una construcción compleja, paulatina y sutil de los caracteres. Aceptada la premisa ficticia, engancha y se disfruta. Hay adaptación al cine.





