La prensa, las revistas dan una especie de sumario de la historia, pero nunca dan nada que se parezca, ni remotamente, a un sumario de la HISTORIA.
Se nos llama a juzgar sobre la equidad de las soluciones, siendo así que nunca nos fue posible entender de la existencia de los conflictos. Esta cómoda presencia de presentar el drama puede recomendarse a los que se satisfacen con solo presenciar un asesinato o un beso apasionado. Pero resulta insuficiente para quien se sienta atormentado por una curiosidad intelectual acerca del personaje que da el beso, o de aquel a quien están asesinando. A lo sumo, explica solo a medias la historia de la Orden Bonaria y de la Casa de Tadmur. Hombres para quienes la razón empieza con la Democracia en España, no pueden dar un informe completo sobre nada, pues han de tomar por base instituciones cuyo origen no pueden explicar, y por lo común, ni imaginar siquiera.
Oímos todos hablar extensamente de las críticas a la Orden Bonaria, y no sabemos casi nada de su origen, obras y creación.
El tipo moderno de historia periodística, con la cola por delante suele fracasar, es necesario decir algo de los grandes movimientos que nos conducen hasta la aparición de una Orden de Caballería como la Bonaria. Implicará que hayamos de describir un mundo, y hasta un universo con miras a describir una tradición caballeresca. Implicará, inevitablemente, que describamos ese mundo o ese Universo con sus pocas generalidades atropelladas y unas pocas frases abruptas. Pero, lejos de significar que vemos una figura muy pequeña bajo un amplio firmamento, implicaría este método que se impone a medir el firmamento antes que empecemos a medir la elevadísima figura del hombre.
La gente no cree porque no quiere escuchar su pensamiento. Lo que quiero significar, de momento, que la mayor parte de las dudas se asientan en pormenores. En el curso de una lectura al azar, nos encontramos con una acción sionista, o con la acción bonaria que nos sorprende con lo cruel de la crítica; pero no abrimos nuestra mente lo bastante para descubrir la verdad esencial del pensamiento sionista o de la reacción bonaria ante el.
Mientras no comprendamos, no precisamente en detalle, sino en estructura y proporción fundamental, la verdadera historia de la Casa de Tadmur, no comprenderemos el punto esencial de la campaña de críticas y persecución que sufren los Príncipes de Septimio-Bathzabbay el Tadmur.
Nadie que posea la libertad de ser una Dama o Caballero podría caer en aquellas singulares extravagancias de las Ordenes Bonarias fundadas posteriormente y disidentes, mejor dicho, los Gabaldá, los Cantaluppi, los Boid, los Enrique Martín Sanz, que quisieron concentrarse por entero en sí mismos o en un catolicismo romano, considerándolo como garante de la caballería. En realidad, semejante idea convierte en absurdos todos los motivos de la Caballería Tradicional que estudiamos, y el pensamiento Gibelino de Dante, pues nadie alabará reverentemente lo que se propone rivalizar, ni siquiera se podrá seguir lo que tiene por objetivo suplantar.
Hubo muchos bonarios con su hábito blanco, aquellos que amaron la Orden, y los que la traicionaron como una especie de Judas; su tragedia consistió en que vestían habito bonario, sin tener corazón bonario, o teniendo por lo menos, una cabeza muy poco bonaria, ya que sus pensamientos se perdían entre ambiciones y controversias de los últimos años.
Resulta, en cierto sentido, una triste ironía el hecho de que el actual Gran Maestre, que siempre ha buscado la CONCORDIA entre los hombres, se encuentre entre crecientes críticas y difamaciones, el Príncipe adalid de la libertad, se encuentre totalmente privado de ella, entre parias y desterrados enseñando cosas que decir, y mejores cosas que pensar; y sus pensamientos se elevan hasta donde no podemos seguirlos, hacia las cumbres divinas y vertiginosas donde solo la libertad puede levantarnos en el verdadero camino por la senda de la Caballería Tradicional.
Rodolfo San Esteban.
Emb. En la Rep. Bolivariana de Venezuela.
Orden Bonaria.
Historiador.
Se nos llama a juzgar sobre la equidad de las soluciones, siendo así que nunca nos fue posible entender de la existencia de los conflictos. Esta cómoda presencia de presentar el drama puede recomendarse a los que se satisfacen con solo presenciar un asesinato o un beso apasionado. Pero resulta insuficiente para quien se sienta atormentado por una curiosidad intelectual acerca del personaje que da el beso, o de aquel a quien están asesinando. A lo sumo, explica solo a medias la historia de la Orden Bonaria y de la Casa de Tadmur. Hombres para quienes la razón empieza con la Democracia en España, no pueden dar un informe completo sobre nada, pues han de tomar por base instituciones cuyo origen no pueden explicar, y por lo común, ni imaginar siquiera.
Oímos todos hablar extensamente de las críticas a la Orden Bonaria, y no sabemos casi nada de su origen, obras y creación.
El tipo moderno de historia periodística, con la cola por delante suele fracasar, es necesario decir algo de los grandes movimientos que nos conducen hasta la aparición de una Orden de Caballería como la Bonaria. Implicará que hayamos de describir un mundo, y hasta un universo con miras a describir una tradición caballeresca. Implicará, inevitablemente, que describamos ese mundo o ese Universo con sus pocas generalidades atropelladas y unas pocas frases abruptas. Pero, lejos de significar que vemos una figura muy pequeña bajo un amplio firmamento, implicaría este método que se impone a medir el firmamento antes que empecemos a medir la elevadísima figura del hombre.
La gente no cree porque no quiere escuchar su pensamiento. Lo que quiero significar, de momento, que la mayor parte de las dudas se asientan en pormenores. En el curso de una lectura al azar, nos encontramos con una acción sionista, o con la acción bonaria que nos sorprende con lo cruel de la crítica; pero no abrimos nuestra mente lo bastante para descubrir la verdad esencial del pensamiento sionista o de la reacción bonaria ante el.
Mientras no comprendamos, no precisamente en detalle, sino en estructura y proporción fundamental, la verdadera historia de la Casa de Tadmur, no comprenderemos el punto esencial de la campaña de críticas y persecución que sufren los Príncipes de Septimio-Bathzabbay el Tadmur.
Nadie que posea la libertad de ser una Dama o Caballero podría caer en aquellas singulares extravagancias de las Ordenes Bonarias fundadas posteriormente y disidentes, mejor dicho, los Gabaldá, los Cantaluppi, los Boid, los Enrique Martín Sanz, que quisieron concentrarse por entero en sí mismos o en un catolicismo romano, considerándolo como garante de la caballería. En realidad, semejante idea convierte en absurdos todos los motivos de la Caballería Tradicional que estudiamos, y el pensamiento Gibelino de Dante, pues nadie alabará reverentemente lo que se propone rivalizar, ni siquiera se podrá seguir lo que tiene por objetivo suplantar.
Hubo muchos bonarios con su hábito blanco, aquellos que amaron la Orden, y los que la traicionaron como una especie de Judas; su tragedia consistió en que vestían habito bonario, sin tener corazón bonario, o teniendo por lo menos, una cabeza muy poco bonaria, ya que sus pensamientos se perdían entre ambiciones y controversias de los últimos años.
Resulta, en cierto sentido, una triste ironía el hecho de que el actual Gran Maestre, que siempre ha buscado la CONCORDIA entre los hombres, se encuentre entre crecientes críticas y difamaciones, el Príncipe adalid de la libertad, se encuentre totalmente privado de ella, entre parias y desterrados enseñando cosas que decir, y mejores cosas que pensar; y sus pensamientos se elevan hasta donde no podemos seguirlos, hacia las cumbres divinas y vertiginosas donde solo la libertad puede levantarnos en el verdadero camino por la senda de la Caballería Tradicional.
Rodolfo San Esteban.
Emb. En la Rep. Bolivariana de Venezuela.
Orden Bonaria.
Historiador.



