Desde la infancia, casi todos hemos estado familiarizados con la imagen de un valiente cruzado, vestido con una capa blanca adornada con una cruz roja, que, ostentando una larga barba, mataba a los malvados y protegía a los buenos La realidad era muy distinta* la cruz roja en la bata blanca no era la vestidura de todos los cruzados, sino de un grupo de monjes guerreros: los Caballeros Templarios (véase la figura 4). Su misteriosa aparición de la nada, sus subsecuentes y enormes riquezas e influencia y su repentina y total caída de gracia el viernes 13 de octubre de 1307 los ha hecho objeto de debate y especulación imaginativa desde entonces
Durante casi doscientos años los templarios fueron más poderosos que la mayoría de los reyes, y tenían habilidades legendarias para la batalla y tesoros fabulosos. ¿Podría en realidad haber una conexión entre esta orden medieval desaparecida desde hace mucho tiempo y los hombres de clase media que musitan rituales masónicos a puerta cerrada en casi cualquier ciudad del mundo occidentalizado? De entrada parecen estar tan lejanos que se necesitaría una enorme cantidad de evidencia para alegar una relación directa, pero, conforme observamos con cuidado los detalles de ambas órdenes, la disparidad entre las dos empezó a reducirse con sorprendente rapidez.
Los musulmanes gobernaron Jerusalén desde el siglo VII y permitían tanto a los judíos como a los cristianos el acceso a la ciudad, que era importante para las tres religiones por diferentes razones. Hacia fines del siglo XI, los turcos seljuk tomaron control de Jerusalén y prohibieron a los cristianos hacer peregrinaciones. Esto no fue del agrado de los altos mandos del cristianismo, los cuales movilizaron sus fuerzas para recuperar la tierra de Jesucristo. A pesar de la pureza del aparente motivo que movía a los "cruzados", las batallas por el control de la Tierra Santa eran conflictos sin misericordia y se peleaba con dureza.
Los crudos y egoístas invasores cristianos del norte creían que los musulmanes tenían la costumbre de tragarse su oro y sus joyas para esconderlos en tiempos de crisis, y como consecuencia muchos musulmanes morían con el estómago abierto mientras dedos blancos e infieles buscaban en sus entrañas valores que no existían. A los judíos de Jerusalén no les fue mucho mejor; habían vivido felices junto a los musulmanes por cientos de años y el 14 de junio de 1099 murieron junto con ellos; el carácter sanguinario de los cruzados no conocía límites.
Uno de ellos, Raymond de Aguilers, se conmovió ante la vista de la ciudad devastada y los cuerpos mutilados de sus residentes, y citó el Salmo 118:" Este es el día que el Señor ha hecho. Regocijémonos y alegrémonos por ello".
Durante casi doscientos años los templarios fueron más poderosos que la mayoría de los reyes, y tenían habilidades legendarias para la batalla y tesoros fabulosos. ¿Podría en realidad haber una conexión entre esta orden medieval desaparecida desde hace mucho tiempo y los hombres de clase media que musitan rituales masónicos a puerta cerrada en casi cualquier ciudad del mundo occidentalizado? De entrada parecen estar tan lejanos que se necesitaría una enorme cantidad de evidencia para alegar una relación directa, pero, conforme observamos con cuidado los detalles de ambas órdenes, la disparidad entre las dos empezó a reducirse con sorprendente rapidez.
Los musulmanes gobernaron Jerusalén desde el siglo VII y permitían tanto a los judíos como a los cristianos el acceso a la ciudad, que era importante para las tres religiones por diferentes razones. Hacia fines del siglo XI, los turcos seljuk tomaron control de Jerusalén y prohibieron a los cristianos hacer peregrinaciones. Esto no fue del agrado de los altos mandos del cristianismo, los cuales movilizaron sus fuerzas para recuperar la tierra de Jesucristo. A pesar de la pureza del aparente motivo que movía a los "cruzados", las batallas por el control de la Tierra Santa eran conflictos sin misericordia y se peleaba con dureza.
Los crudos y egoístas invasores cristianos del norte creían que los musulmanes tenían la costumbre de tragarse su oro y sus joyas para esconderlos en tiempos de crisis, y como consecuencia muchos musulmanes morían con el estómago abierto mientras dedos blancos e infieles buscaban en sus entrañas valores que no existían. A los judíos de Jerusalén no les fue mucho mejor; habían vivido felices junto a los musulmanes por cientos de años y el 14 de junio de 1099 murieron junto con ellos; el carácter sanguinario de los cruzados no conocía límites.
Uno de ellos, Raymond de Aguilers, se conmovió ante la vista de la ciudad devastada y los cuerpos mutilados de sus residentes, y citó el Salmo 118:" Este es el día que el Señor ha hecho. Regocijémonos y alegrémonos por ello".
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En los años que siguieron a la conquista de Jerusalén, cristianos de toda Europa empezaron a hacer la peregrinación a la Ciudad Santa, una travesía tan larga y ardua que para sobreviviría eran necesarios un cuerpo en forma y una fuerte constitución. El creciente número de peregrinos que viajaban desde los puertos de Acre, Tiro y Jaffa a la ciudad de Jerusalén provocó problemas y hubo que crear una infraestructura para abastecerlos.
Una importante parte de estos arreglos fue la Hostería Amalfi en Jerusalén, establecida por los Caballeros Hospitalarios para brindar comida y alojamiento al constante flujo de viajeros. La importancia y riqueza de la pequeña y oscura orden de monjes que la dirigían aumentó en proporción al creciente número de visitantes, y los nuevos gobernadores cristianos de la ciudad recompensaron sus esfuerzos con generosos regalos. La orden se desarrolló con rapidez y su superior debió haber sido muy ambicioso y astuto en la política porque decidió crear una armada militar en la que aceptaba que se unieran caballeros, después de lo cual cambió el título de la orden por el de Hospital de San Juan de Jerusalén. Obtuvo la bendición papal en 1118 cuando se le dio una constitución formal, conocida como regla.
Ésta fue una organización que probablemente influenció a un noble francés de Champagne de nombre Hugues de Payen, porque en el mismo año él y otros ocho caballeros iniciaron una orden no oficial de los Pobres Soldados de Cristo y el Templo de Salomón. Conforme a la tradición, el rey Baldwin II, Patriarca de Jerusalén, pronto brindó su apoyo a la nueva orden y les proporcionó alojamiento en la parte occidental de su palacio que colindaba con la ex Mezquita de Al-Aqsa y estaba en el sitio del Templo del Rey Salomón. Se dice que la Orden de los Templarios, como se le llama ahora, fue creada con el propósito de brindar protección al creciente flujo de peregrinos mientras hacían sus azarosas travesías entre el puerto costero de Jaría y Jerusalén.
Todos estos caballeros originales eran seglares que prestaron juramento de vivir como si fueran monjes, en la pobreza, la castidad y la obediencia. En un principio no usaban ropa especial, pero decían oraciones a intervalos regulares y se comportaban siempre como si fueran miembros de una orden religiosa.
En algún momento de 1118 estos nueve caballeros aparentemente llegaron de Francia y se autodenominaron los guardianes de los caminos del desierto de Judea que conducían a Jerusalén. Este clásico relato nos llamó la atención por extraño. ¿Por qué estos franceses se habían dado a una tarea que en el mejor de los casos era en extremo optimista y en el peor temeraria? Incluso una pequeña banda de insurgentes sarracenos pudo haberlos derrotado no obstante lo bien entrenados y armados que estuvieran. Con sorpresa descubrimos que Fulcher de Chartres, capellán de Baldwin II no hizo una sola mención de ellos en sus extensas crónicas que abarcan los primeros nueve años de la existencia de la orden no oficial. La primera evidencia cierta de los templarios data de 1121, cuando cierto Conde Fulk V de Anjou se alojó con los templarios y de ahí en adelante les dejó una anualidad de treinta libras angevin.
Por la evidencia disponible parece claro que el grupo de nueve caballeros no se expandió durante mucho tiempo después de su establecimiento. No fue hasta que habían pasado nada menos que nueve años en su albergue en el lugar del Templo de Herodes, que Hugues de Payen viajó hacia el oeste en busca de reclutas merecedores que aumentaran la orden a un tamaño más apropiado para la satisfacción de su autoproclamada misión.
¿Qué estaban buscando?
Sentimos por instinto que había algo mal en este punto. No hay evidencia de que estos primeros templarios hubieran dado protección alguna a los peregrinos, pero por otro lado pronto supimos que hay pruebas concluyentes de que realizaron grandes excavaciones debajo de las ruinas del Templo de Herodes. Pronto nos dimos cuenta de que muchos otros autores tenían sus reservas con respecto a la versión aceptada de los propósitos de los templarios; cuanto más buscábamos, más nos topábamos con teorías acerca de sus verdaderos motivos. En una, el historiador francés Gaetan Delaforge comenta:
La verdadera tarea de los nueve caballeros era llevar a cabo investigaciones en el área con el fin de obtener ciertas reliquias y manuscritos que contenían la esencia de las tradiciones secretas del judaísmo y del antiguo Egipto, algunos de los cuales probablemente se remontaran a los días de Moisés.1
Este comentario fue utilizado por el autor e historiador Graham Hancock para argumentar que estos caballeros no eran lo que parecían.2 Concluyó que el mismo sitio del templo era el foco de su interés y que hay evidencia de sus principales excavaciones. Cita el informe oficial de un arqueólogo israelí que establece que los nueve caballeros buscaban en las ruinas del templo algo desconocido:
El túnel conduce hacia adentro, por una distancia de cerca de treinta metros desde el muro del sur, antes de verse bloqueado por escombros y pedazos de piedra. Sabemos que continúa más adelante, pero hemos decidido que haya una regla sin excepción: no excavar dentro de los límites del Monte del Templo sin antes obtener el permiso de las autoridades musulmanas apropiadas, pues en la actualidad está bajo su jurisdicción. En este caso sólo nos permitieron medir y fotografiar la sección del túnel expuesta, no hacer ninguna clase de excavación. Una vez concluido este trabajo... sellamos la salida del túnel con piedras
Encontramos más evidencia de que los templarios
En los años que siguieron a la conquista de Jerusalén, cristianos de toda Europa empezaron a hacer la peregrinación a la Ciudad Santa, una travesía tan larga y ardua que para sobreviviría eran necesarios un cuerpo en forma y una fuerte constitución. El creciente número de peregrinos que viajaban desde los puertos de Acre, Tiro y Jaffa a la ciudad de Jerusalén provocó problemas y hubo que crear una infraestructura para abastecerlos.
Una importante parte de estos arreglos fue la Hostería Amalfi en Jerusalén, establecida por los Caballeros Hospitalarios para brindar comida y alojamiento al constante flujo de viajeros. La importancia y riqueza de la pequeña y oscura orden de monjes que la dirigían aumentó en proporción al creciente número de visitantes, y los nuevos gobernadores cristianos de la ciudad recompensaron sus esfuerzos con generosos regalos. La orden se desarrolló con rapidez y su superior debió haber sido muy ambicioso y astuto en la política porque decidió crear una armada militar en la que aceptaba que se unieran caballeros, después de lo cual cambió el título de la orden por el de Hospital de San Juan de Jerusalén. Obtuvo la bendición papal en 1118 cuando se le dio una constitución formal, conocida como regla.
Ésta fue una organización que probablemente influenció a un noble francés de Champagne de nombre Hugues de Payen, porque en el mismo año él y otros ocho caballeros iniciaron una orden no oficial de los Pobres Soldados de Cristo y el Templo de Salomón. Conforme a la tradición, el rey Baldwin II, Patriarca de Jerusalén, pronto brindó su apoyo a la nueva orden y les proporcionó alojamiento en la parte occidental de su palacio que colindaba con la ex Mezquita de Al-Aqsa y estaba en el sitio del Templo del Rey Salomón. Se dice que la Orden de los Templarios, como se le llama ahora, fue creada con el propósito de brindar protección al creciente flujo de peregrinos mientras hacían sus azarosas travesías entre el puerto costero de Jaría y Jerusalén.
Todos estos caballeros originales eran seglares que prestaron juramento de vivir como si fueran monjes, en la pobreza, la castidad y la obediencia. En un principio no usaban ropa especial, pero decían oraciones a intervalos regulares y se comportaban siempre como si fueran miembros de una orden religiosa.
En algún momento de 1118 estos nueve caballeros aparentemente llegaron de Francia y se autodenominaron los guardianes de los caminos del desierto de Judea que conducían a Jerusalén. Este clásico relato nos llamó la atención por extraño. ¿Por qué estos franceses se habían dado a una tarea que en el mejor de los casos era en extremo optimista y en el peor temeraria? Incluso una pequeña banda de insurgentes sarracenos pudo haberlos derrotado no obstante lo bien entrenados y armados que estuvieran. Con sorpresa descubrimos que Fulcher de Chartres, capellán de Baldwin II no hizo una sola mención de ellos en sus extensas crónicas que abarcan los primeros nueve años de la existencia de la orden no oficial. La primera evidencia cierta de los templarios data de 1121, cuando cierto Conde Fulk V de Anjou se alojó con los templarios y de ahí en adelante les dejó una anualidad de treinta libras angevin.
Por la evidencia disponible parece claro que el grupo de nueve caballeros no se expandió durante mucho tiempo después de su establecimiento. No fue hasta que habían pasado nada menos que nueve años en su albergue en el lugar del Templo de Herodes, que Hugues de Payen viajó hacia el oeste en busca de reclutas merecedores que aumentaran la orden a un tamaño más apropiado para la satisfacción de su autoproclamada misión.
¿Qué estaban buscando?
Sentimos por instinto que había algo mal en este punto. No hay evidencia de que estos primeros templarios hubieran dado protección alguna a los peregrinos, pero por otro lado pronto supimos que hay pruebas concluyentes de que realizaron grandes excavaciones debajo de las ruinas del Templo de Herodes. Pronto nos dimos cuenta de que muchos otros autores tenían sus reservas con respecto a la versión aceptada de los propósitos de los templarios; cuanto más buscábamos, más nos topábamos con teorías acerca de sus verdaderos motivos. En una, el historiador francés Gaetan Delaforge comenta:
La verdadera tarea de los nueve caballeros era llevar a cabo investigaciones en el área con el fin de obtener ciertas reliquias y manuscritos que contenían la esencia de las tradiciones secretas del judaísmo y del antiguo Egipto, algunos de los cuales probablemente se remontaran a los días de Moisés.1
Este comentario fue utilizado por el autor e historiador Graham Hancock para argumentar que estos caballeros no eran lo que parecían.2 Concluyó que el mismo sitio del templo era el foco de su interés y que hay evidencia de sus principales excavaciones. Cita el informe oficial de un arqueólogo israelí que establece que los nueve caballeros buscaban en las ruinas del templo algo desconocido:
El túnel conduce hacia adentro, por una distancia de cerca de treinta metros desde el muro del sur, antes de verse bloqueado por escombros y pedazos de piedra. Sabemos que continúa más adelante, pero hemos decidido que haya una regla sin excepción: no excavar dentro de los límites del Monte del Templo sin antes obtener el permiso de las autoridades musulmanas apropiadas, pues en la actualidad está bajo su jurisdicción. En este caso sólo nos permitieron medir y fotografiar la sección del túnel expuesta, no hacer ninguna clase de excavación. Una vez concluido este trabajo... sellamos la salida del túnel con piedras
Encontramos más evidencia de que los templarios
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participaron en desenterrar algo debajo de las ruinas del Templo de Herodes en los escritos del teniente Charles Wilson, de los Ingenieros Reales que dirigieron una expedición arqueológica a Jerusalén a fin de siglo.3 Él recuperó muchos objetos antiguos, que pueden identificarse positivamente como artefactos templarios, al hacer profundas excavaciones bajo el templo Cuando nuestras investigaciones para este libro estaban por concluir, tuvimos la buena fortuna de conocer a Robert Brydon, académico archivista especializado en los temas témplanos, residente de Escocia y que ahora tiene varios de esos objetos a su cuidado
Nuestro motivo para estudiar los orígenes de los templarios era intentar confirmar cualquier conexión directa entre su orden y la francmasonería moderna Conforme incorporamos los hechos conocidos y leímos las perspectivas oficiales y las que no lo eran acerca de los primeros templarios, concluimos que estaba claro que en efecto habían excavado en el templo Las preguntas para las que necesitábamos respuestas eran: ¿qué estaban buscando?, y aún más importante, ¿qué encontraron en realidad?
participaron en desenterrar algo debajo de las ruinas del Templo de Herodes en los escritos del teniente Charles Wilson, de los Ingenieros Reales que dirigieron una expedición arqueológica a Jerusalén a fin de siglo.3 Él recuperó muchos objetos antiguos, que pueden identificarse positivamente como artefactos templarios, al hacer profundas excavaciones bajo el templo Cuando nuestras investigaciones para este libro estaban por concluir, tuvimos la buena fortuna de conocer a Robert Brydon, académico archivista especializado en los temas témplanos, residente de Escocia y que ahora tiene varios de esos objetos a su cuidado
Nuestro motivo para estudiar los orígenes de los templarios era intentar confirmar cualquier conexión directa entre su orden y la francmasonería moderna Conforme incorporamos los hechos conocidos y leímos las perspectivas oficiales y las que no lo eran acerca de los primeros templarios, concluimos que estaba claro que en efecto habían excavado en el templo Las preguntas para las que necesitábamos respuestas eran: ¿qué estaban buscando?, y aún más importante, ¿qué encontraron en realidad?
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Otros escritores especularon que pudieron haber estado buscando los tesoros perdidos del templo, el Grial Sagrado o incluso que intentaban encontrar el Arca de la Alianza misma 4 Estas especulaciones bien podrían ser correctas pero, por supuesto, nosotros estábamos más interesados en lo que en realidad encontraron más que en lo que en un principio querían localizar
Durante nueve años, entonces, estos devotos cazadores de "tesoros" excavaron el sitio de los grandes templos de los judíos y durante ese tiempo no solicitaron ni permitieron la entrada de ningún otro caballero a su orden, viviendo en soledad gracias a la caridad de Baldwin.
Todo debió haber funcionado razonablemente bien año tras año conforme hacían un túnel a través de la roca sólida, acercándose cada vez más a la base del Santo de Santos, pero luego sucedió algo que cambió el plan inicial. Se nos ocurrió que tal vez fuera algo más que una coincidencia el que el viaje de Hugues de Payen a occidente para encontrar reclutas por primera vez haya sucedido justo meses después de la muerte de su benefactor Baldwin en octubre de 1126.
¿Se habían quedado sin fondos y comida antes de que su desconocida tarea fuera terminada?, o ¿esperaron a que Baldwin muriera para no tener que repartirle parte del tesoro?
El código de disciplina de la orden
Parece ser que el viaje de Payen fue apresurado por un verdadero temor con respecto a la sobrevivencia de su grupo. Una carta que escribió mientras viajaba por Europa ilustra con claridad su preocupación de que sus compañeros caballeros en Jerusalén necesitaban un fuerte reforzamiento de sus convicciones. Se refiere a que la vocación original de los caballeros estaba debilitada por la maldad y cita pasajes bíblicos para reafirmar a sus siete caballeros restantes. Sólo quedaban siete en el Monte del Templo, ya que Payen había sido acompañado en su viaje por Ander de Montbard, el tío del joven pero influyente Abad de Clairvaux (destinado a convertirse en San Bernardo).
Otros escritores especularon que pudieron haber estado buscando los tesoros perdidos del templo, el Grial Sagrado o incluso que intentaban encontrar el Arca de la Alianza misma 4 Estas especulaciones bien podrían ser correctas pero, por supuesto, nosotros estábamos más interesados en lo que en realidad encontraron más que en lo que en un principio querían localizar
Durante nueve años, entonces, estos devotos cazadores de "tesoros" excavaron el sitio de los grandes templos de los judíos y durante ese tiempo no solicitaron ni permitieron la entrada de ningún otro caballero a su orden, viviendo en soledad gracias a la caridad de Baldwin.
Todo debió haber funcionado razonablemente bien año tras año conforme hacían un túnel a través de la roca sólida, acercándose cada vez más a la base del Santo de Santos, pero luego sucedió algo que cambió el plan inicial. Se nos ocurrió que tal vez fuera algo más que una coincidencia el que el viaje de Hugues de Payen a occidente para encontrar reclutas por primera vez haya sucedido justo meses después de la muerte de su benefactor Baldwin en octubre de 1126.
¿Se habían quedado sin fondos y comida antes de que su desconocida tarea fuera terminada?, o ¿esperaron a que Baldwin muriera para no tener que repartirle parte del tesoro?
El código de disciplina de la orden
Parece ser que el viaje de Payen fue apresurado por un verdadero temor con respecto a la sobrevivencia de su grupo. Una carta que escribió mientras viajaba por Europa ilustra con claridad su preocupación de que sus compañeros caballeros en Jerusalén necesitaban un fuerte reforzamiento de sus convicciones. Se refiere a que la vocación original de los caballeros estaba debilitada por la maldad y cita pasajes bíblicos para reafirmar a sus siete caballeros restantes. Sólo quedaban siete en el Monte del Templo, ya que Payen había sido acompañado en su viaje por Ander de Montbard, el tío del joven pero influyente Abad de Clairvaux (destinado a convertirse en San Bernardo).
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Creemos que fue esta conexión familiar la que los llevó primero a Bernardo, que estaba claramente impresionado con la historia que escuchó de su tío. Las palabras de Bernardo promoviendo su campaña de ayuda dejaron pocas dudas en relación con su opinión sobre estos caballeros de Jerusalén:"No se precipitan a la batalla, sino que van con cuidado y previsión, de manera pacífica, como verdaderos niños de Israel. Pero tan pronto la pelea comienza, se apresuran sin demora sobre el adversario... y no conocen el miedo... en ocasiones uno ha tenido que pelear con mil; dos, con diez mil... más dóciles que los borregos y más inflexibles que los leones; suya es la indulgencia de los monjes y el valor del caballero".
El futuro San Bernardo atrajo con rapidez la atención del Papa Honorio II hacia la joven orden, pidiéndole que el pequeño grupo de caballeros de Jerusalén que había adoptado fuera proveído de un código de disciplina, una constitución propia que estableciera requisitos de conducta y prácticas que los legitimara y que definiera su estatus dentro de la Iglesia. Esto fue concedido al fin el 31 de enero de 1128, cuando Hugues de Payen compareció ante el Consejo de Troyes, convocado de manera especial.
El futuro San Bernardo atrajo con rapidez la atención del Papa Honorio II hacia la joven orden, pidiéndole que el pequeño grupo de caballeros de Jerusalén que había adoptado fuera proveído de un código de disciplina, una constitución propia que estableciera requisitos de conducta y prácticas que los legitimara y que definiera su estatus dentro de la Iglesia. Esto fue concedido al fin el 31 de enero de 1128, cuando Hugues de Payen compareció ante el Consejo de Troyes, convocado de manera especial.
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Este impresionante grupo era presidido por el cardenal de Albano, el enviado papal, y comprendía a los arzobispos de Rheims y Sens, no menos de diez obispos y algunos abades, incluyendo al mismo Bernardo. Se hizo la propuesta y se les dio el derecho a los templarios de usar sus propias capas, que en aquel tiempo eran totalmente blancas, y de recibir su código de disciplina.
Para todo el mundo ahora eran verdaderos monjes al igual que caballeros.
Lo que nos fascinó acerca del código que se dio a los templarios no fue tanto lo que decía sino lo que no decía. No se hacía ninguna mención a los peregrinos o a su protección. Pensamos que era extraño que la única aparente razón para haber creado la orden pudiera ser ignorada por completo. En este punto estábamos convencidos de que había algo muy misterioso en la fundación de la orden de los templarios.
Durante mucho tiempo los nueve caballeros originales estuvieron en extremo renuentes a aceptar nuevos reclutas, pero ahora se veían forzados a cambiar su actitud por la necesidad de fondos, de trabajadores adicionales y quizá incluso de clérigos. Según su nuevo código, los miembros que se les unieran serían puestos a prueba durante el primer año y se requería de ellos un inmediato voto de pobreza, de tal forma que un nuevo hermano tuviera que ceder sus riquezas personales a la orden. Todos los candidatos tenían que haber nacido en matrimonio, ser nobles por nacimiento, estar libres de cualquier promesa o atadura y tener un cuerpo fuerte. Al ser admitido, lo único que poseía el hermano aceptado era su espada; aparte de ésta, la cual dedicaba al servicio de la orden, no tenía identidad alguna. Cuando moría, su tumba no llevaba inscripción, sólo se marcaba con una piedra rectangular dentro de la cual se tallaba la forma de su espada.
Este impresionante grupo era presidido por el cardenal de Albano, el enviado papal, y comprendía a los arzobispos de Rheims y Sens, no menos de diez obispos y algunos abades, incluyendo al mismo Bernardo. Se hizo la propuesta y se les dio el derecho a los templarios de usar sus propias capas, que en aquel tiempo eran totalmente blancas, y de recibir su código de disciplina.
Para todo el mundo ahora eran verdaderos monjes al igual que caballeros.
Lo que nos fascinó acerca del código que se dio a los templarios no fue tanto lo que decía sino lo que no decía. No se hacía ninguna mención a los peregrinos o a su protección. Pensamos que era extraño que la única aparente razón para haber creado la orden pudiera ser ignorada por completo. En este punto estábamos convencidos de que había algo muy misterioso en la fundación de la orden de los templarios.
Durante mucho tiempo los nueve caballeros originales estuvieron en extremo renuentes a aceptar nuevos reclutas, pero ahora se veían forzados a cambiar su actitud por la necesidad de fondos, de trabajadores adicionales y quizá incluso de clérigos. Según su nuevo código, los miembros que se les unieran serían puestos a prueba durante el primer año y se requería de ellos un inmediato voto de pobreza, de tal forma que un nuevo hermano tuviera que ceder sus riquezas personales a la orden. Todos los candidatos tenían que haber nacido en matrimonio, ser nobles por nacimiento, estar libres de cualquier promesa o atadura y tener un cuerpo fuerte. Al ser admitido, lo único que poseía el hermano aceptado era su espada; aparte de ésta, la cual dedicaba al servicio de la orden, no tenía identidad alguna. Cuando moría, su tumba no llevaba inscripción, sólo se marcaba con una piedra rectangular dentro de la cual se tallaba la forma de su espada.
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Inmediatamente después de que les fue otorgado su código, las circunstancias de los templarios fueron fortaleciéndose. Se ganaron el apoyo de cientos de terratenientes influyentes y empezaron a llegar donaciones de todos los rincones del mundo cristiano. Bernardo había convencido al Papa de su valía y de repente se volvieron la causa de moda y se les entregaban riquezas.
Cuando Hugues de Payen y André de Montbard regresaron a Jerusalén tan sólo dos años después de haberse ido, su éxito era extraordinario. Partieron hacia occidente con las manos vacías y regresaron con un código de disciplina papal, dinero, objetos preciosos, tierras y no menos de trescientos nobles reclutados para seguir a Hugues de Payen como Gran Maestro de una importante orden.
Inmediatamente después de que les fue otorgado su código, las circunstancias de los templarios fueron fortaleciéndose. Se ganaron el apoyo de cientos de terratenientes influyentes y empezaron a llegar donaciones de todos los rincones del mundo cristiano. Bernardo había convencido al Papa de su valía y de repente se volvieron la causa de moda y se les entregaban riquezas.
Cuando Hugues de Payen y André de Montbard regresaron a Jerusalén tan sólo dos años después de haberse ido, su éxito era extraordinario. Partieron hacia occidente con las manos vacías y regresaron con un código de disciplina papal, dinero, objetos preciosos, tierras y no menos de trescientos nobles reclutados para seguir a Hugues de Payen como Gran Maestro de una importante orden.
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Seguro que Hugues de Payen estaba produciendo algo muy tangible como para generar tanto interés y apoyo. Como nuestra curiosidad crecía, nos adentramos más en lo que aún se conoce de estos monjes guerreros.
Los nuevos miembros de la orden juraban pobreza, castidad y obediencia, pero si esta regla se aplicaba en retrospectiva a los fundadores es algo que nunca se menciona. Es cierto que Hugues de Payen permaneció casado con Catherine de St. Clair (mujer escocesa de ascendencia normanda) y estableció la primera Preceptoría Templaría fuera de la Tierra Santa en las tierras de la familia de ella en Escocia, hecho que después resultaría ser de gran relevancia. Se obligaba a los ingresados a que se cortaran el cabello pero se les prohibía cortarse la barba. De aquí surgió la imagen del cruzado templario con la larga barba al vuelo. La dieta, el vestido y todos los demás aspectos de sus vidas cotidianas estaban controlados por el código. En particular, su comportamiento en el campo de batalla era estrictamente ordenado.
A tos templarios no se les permitía pedir misericordia o conceder piedad, ya que estaban obligados a pelear hasta la muerte. No se les permitía retractarse a menos que la desventaja en su contra excediera de tres a uno y, aunque la historia muestra que al fin y al cabo perdían, está muy claro en registros musulmanes y cristianos por igual que la orden era temida y respetada por sus habilidades en el campo de batalla.
Nos maravillamos de descubrir que aproximadamente diez años después de que se les otorgara su código latino, los templarios empezaron a tenerse a sí mismos en tan alta estima que elaboraron de manera unilateral un código francés para Remplazar el anterior por uno en la lengua funcional de los miembros de la orden. El hecho de que hayan tenido la confianza para hacer esto ilustra el poder e independencia de que gozaban. Este nuevo código contenía cambios significativos, pero nos intriga que tampoco hiciera mención a la protección de los Peregrinos.
Seguro que Hugues de Payen estaba produciendo algo muy tangible como para generar tanto interés y apoyo. Como nuestra curiosidad crecía, nos adentramos más en lo que aún se conoce de estos monjes guerreros.
Los nuevos miembros de la orden juraban pobreza, castidad y obediencia, pero si esta regla se aplicaba en retrospectiva a los fundadores es algo que nunca se menciona. Es cierto que Hugues de Payen permaneció casado con Catherine de St. Clair (mujer escocesa de ascendencia normanda) y estableció la primera Preceptoría Templaría fuera de la Tierra Santa en las tierras de la familia de ella en Escocia, hecho que después resultaría ser de gran relevancia. Se obligaba a los ingresados a que se cortaran el cabello pero se les prohibía cortarse la barba. De aquí surgió la imagen del cruzado templario con la larga barba al vuelo. La dieta, el vestido y todos los demás aspectos de sus vidas cotidianas estaban controlados por el código. En particular, su comportamiento en el campo de batalla era estrictamente ordenado.
A tos templarios no se les permitía pedir misericordia o conceder piedad, ya que estaban obligados a pelear hasta la muerte. No se les permitía retractarse a menos que la desventaja en su contra excediera de tres a uno y, aunque la historia muestra que al fin y al cabo perdían, está muy claro en registros musulmanes y cristianos por igual que la orden era temida y respetada por sus habilidades en el campo de batalla.
Nos maravillamos de descubrir que aproximadamente diez años después de que se les otorgara su código latino, los templarios empezaron a tenerse a sí mismos en tan alta estima que elaboraron de manera unilateral un código francés para Remplazar el anterior por uno en la lengua funcional de los miembros de la orden. El hecho de que hayan tenido la confianza para hacer esto ilustra el poder e independencia de que gozaban. Este nuevo código contenía cambios significativos, pero nos intriga que tampoco hiciera mención a la protección de los Peregrinos.
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Desaparecía el requisito de un año de prueba para los novicios y le daba un giro a un lineamiento muy importante, que cambió de manera instantánea la base legal de la orden.
En el código latino se lee una instrucción:'...además, debes ir a donde estén reunidos caballeros no excomulgados". Sin embargo, en el enmendado y traducido código francés, la misma oración se convirtió en: .......Te ordenamos que vayas a donde estén reunidos caballeros excomulgados". Esto sólo puede implicar que estaban fuera de la ley del Vaticano. No hay posibilidad de que sea un simple error de traducción ya que los clérigos trabajaban con su propia lengua, no con un escrito poco familiar, y un significado tan contrario hubiera sido detectado por el resto de la orden, incluso si el escriba original se hubiera equivocado. Junto con lo que ya sabemos de los templarios -su arrogancia y su sospechada desviación de la Iglesia Romana-, es muy comprensible que se hayan atrevido a escribir semejante cosa; pero no podíamos encontrar algo que nos indicara cuáles pudieron haber sido sus motivos.
Con el tiempo, la suerte de los templarios habría de acabarse. El Papa y Felipe, rey de Francia, atacaron a la orden errante, poniéndola de rodillas en tan sólo un terrible día... el viernes 13 de octubre de 1307. Desde entonces el número trece ha sido considerado de mala suerte y el viernes trece de cualquier mes se convirtió en una fecha en la que cualquiera que sea supersticioso no sale de su casa y se aferra a su pata de conejo.
El sello de la orden
El primer sello de los templarios mostraba a dos caballeros montados sobre un solo caballo, y por lo general se asegura que esto es una forma de simbolizar la pobreza que los miembros habían jurado mantener, en cuanto a que no podían permitirse una montura para cada caballero. Esto hubiera representado una fuerza de lucha bastante ineficaz de haber sido verdad. Sin embargo, la regla francesa afirma que el maestro debe poseer cuatro caballos y un hermano capellán, y un clérigo con tres caballos, y un hermano sargento con dos caballos, y un gentil hombre paje para que cargue su escudo y lanza, con un caballo...". Queda claro que no había escasez de monturas.
Se nos ocurrió que tal emblema podía representar los dos grados de caballeros dentro de una orden: los más avanzados, a quienes se les permitía compartir el secreto templario, y los que iban sentados en ancas, que no disfrutaban de ese derecho. Por supuesto, dicha interpretación del emblema es pura especulación, pero lo que parece cierto es que sí mantenían un secreto y una vez que los templarios concluían su periodo de prueba de doce meses, deben haber necesitado algún método para protegerse de los recién ingresados que aun no habían sido probados y a los que no se les tenía confianza.
La organización de la orden
La orden no sólo consistía de caballeros. Además de los hermanos consumados había dos clases inferiores: a la primera se le conocía como los sargentos, que eran reclutados entre la que ahora describiríamos como la clase trabajadora, más que entre la nobleza, que era de donde provenían los caballeros. Los sargentos se hacían cargo de puestos como los de caballerangos, mozos, centinelas y tropas generales de apoyo. Al igual que sus superiores, portaban la cruz roja, pero su atuendo era café oscuro en vez de blanco, lo que reflejaba su falta de pureza en relación con los caballeros de la orden. El otro grupo incluía a los clérigos, que se ocupaban de las necesidades espirituales de los caballeros. Eran sacerdotes y los únicos miembros letrados de la orden, se ocupaban de llevar los registros y las comunicaciones, escribiéndolos algunas veces en códigos bastante complejos.
El francés era el lenguaje común y administrativo de los templarios, pero estos versátiles curas podían dar la misa en latín, regatear con los comerciantes locales en árabe y leer el Antiguo Testamento en hebreo y el Nuevo en griego. Satisfacían las necesidades espirituales de los combatientes y se distinguían por portar la cruz templaría sobre un atavío verde.
Estos clérigos consagraban el pan y el vino en la eucaristía tal y como lo hace un cura hoy día, pero tomaban este deber con tanta seriedad que se dice que usaban guantes blancos en todo momento excepto cuando sostenían la Santa Hostia durante el servicio. Puesto que el pan era el cuerpo de Cristo, era importante no impregnarlo con la profana suciedad de las actividades cotidianas y los guantes blancos se usaban para mantener las manos lo suficientemente limpias como para manipular el cuerpo de Dios. El uso de estos guantes nos pareció un obvio paralelismo con los francmasones modernos, quienes siempre llevan guantes blancos a sus reuniones en la logia. Jamás se ha dado una razón para esta práctica.
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Desaparecía el requisito de un año de prueba para los novicios y le daba un giro a un lineamiento muy importante, que cambió de manera instantánea la base legal de la orden.
En el código latino se lee una instrucción:'...además, debes ir a donde estén reunidos caballeros no excomulgados". Sin embargo, en el enmendado y traducido código francés, la misma oración se convirtió en: .......Te ordenamos que vayas a donde estén reunidos caballeros excomulgados". Esto sólo puede implicar que estaban fuera de la ley del Vaticano. No hay posibilidad de que sea un simple error de traducción ya que los clérigos trabajaban con su propia lengua, no con un escrito poco familiar, y un significado tan contrario hubiera sido detectado por el resto de la orden, incluso si el escriba original se hubiera equivocado. Junto con lo que ya sabemos de los templarios -su arrogancia y su sospechada desviación de la Iglesia Romana-, es muy comprensible que se hayan atrevido a escribir semejante cosa; pero no podíamos encontrar algo que nos indicara cuáles pudieron haber sido sus motivos.
Con el tiempo, la suerte de los templarios habría de acabarse. El Papa y Felipe, rey de Francia, atacaron a la orden errante, poniéndola de rodillas en tan sólo un terrible día... el viernes 13 de octubre de 1307. Desde entonces el número trece ha sido considerado de mala suerte y el viernes trece de cualquier mes se convirtió en una fecha en la que cualquiera que sea supersticioso no sale de su casa y se aferra a su pata de conejo.
El sello de la orden
El primer sello de los templarios mostraba a dos caballeros montados sobre un solo caballo, y por lo general se asegura que esto es una forma de simbolizar la pobreza que los miembros habían jurado mantener, en cuanto a que no podían permitirse una montura para cada caballero. Esto hubiera representado una fuerza de lucha bastante ineficaz de haber sido verdad. Sin embargo, la regla francesa afirma que el maestro debe poseer cuatro caballos y un hermano capellán, y un clérigo con tres caballos, y un hermano sargento con dos caballos, y un gentil hombre paje para que cargue su escudo y lanza, con un caballo...". Queda claro que no había escasez de monturas.
Se nos ocurrió que tal emblema podía representar los dos grados de caballeros dentro de una orden: los más avanzados, a quienes se les permitía compartir el secreto templario, y los que iban sentados en ancas, que no disfrutaban de ese derecho. Por supuesto, dicha interpretación del emblema es pura especulación, pero lo que parece cierto es que sí mantenían un secreto y una vez que los templarios concluían su periodo de prueba de doce meses, deben haber necesitado algún método para protegerse de los recién ingresados que aun no habían sido probados y a los que no se les tenía confianza.
La organización de la orden
La orden no sólo consistía de caballeros. Además de los hermanos consumados había dos clases inferiores: a la primera se le conocía como los sargentos, que eran reclutados entre la que ahora describiríamos como la clase trabajadora, más que entre la nobleza, que era de donde provenían los caballeros. Los sargentos se hacían cargo de puestos como los de caballerangos, mozos, centinelas y tropas generales de apoyo. Al igual que sus superiores, portaban la cruz roja, pero su atuendo era café oscuro en vez de blanco, lo que reflejaba su falta de pureza en relación con los caballeros de la orden. El otro grupo incluía a los clérigos, que se ocupaban de las necesidades espirituales de los caballeros. Eran sacerdotes y los únicos miembros letrados de la orden, se ocupaban de llevar los registros y las comunicaciones, escribiéndolos algunas veces en códigos bastante complejos.
El francés era el lenguaje común y administrativo de los templarios, pero estos versátiles curas podían dar la misa en latín, regatear con los comerciantes locales en árabe y leer el Antiguo Testamento en hebreo y el Nuevo en griego. Satisfacían las necesidades espirituales de los combatientes y se distinguían por portar la cruz templaría sobre un atavío verde.
Estos clérigos consagraban el pan y el vino en la eucaristía tal y como lo hace un cura hoy día, pero tomaban este deber con tanta seriedad que se dice que usaban guantes blancos en todo momento excepto cuando sostenían la Santa Hostia durante el servicio. Puesto que el pan era el cuerpo de Cristo, era importante no impregnarlo con la profana suciedad de las actividades cotidianas y los guantes blancos se usaban para mantener las manos lo suficientemente limpias como para manipular el cuerpo de Dios. El uso de estos guantes nos pareció un obvio paralelismo con los francmasones modernos, quienes siempre llevan guantes blancos a sus reuniones en la logia. Jamás se ha dado una razón para esta práctica.
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¿Podría esto ser una conexión con los Templarios?
Otra referencia que evoca las prácticas masónicas actuales radica en el uso de la piel de borrego como el único adorno permitido a los templarios, así como el requerimiento por parte de su regla de que debían vestirse con ceñidos pantalones de montar de piel de borrego debajo de la ropa, mismos que debían usar en todo momento como signo de inocencia y castidad Pensar en algo así en esta época de higiene personal es alarmante, pero estos caballeros tan conscientes ni siquiera se quitaban los pantalones para bañarse Después de algunos días, por no mencionar las muchas décadas que pasaron bajo el sol del desierto, ¡su castidad debe haber estado más que garantizada! Aunque los francmasones de hoy no usan semejantes atavíos, sí visten mandiles blancos hechos de piel de borrego durante las reuniones en las logias, los cuales son la insignia de la inocencia y el emblema de la amistad, según se nos dijo.
Hubo otra similitud que nos pareció un indicador de una posible conexión con los templarios. Encontramos que la Beausant, la bandera de batalla templaría, consistía de dos bloques verticales, uno blanco y el otro negro; que el negro simboliza el mundo del pecado que el caballero templario ha dejado atrás para integrarse a la orden, y el blanco, el movimiento de la oscuridad a la luz. La logia francmasona contemporánea siempre despliega en su centro un diseño de cuadros blancos y negros y en las reuniones de las logias cada uno de los hermanos viste camisa blanca con corbata y traje negros, de no hacerlo así, no se les admitiría por no estar ataviados de manera apropiada.
Otra referencia que evoca las prácticas masónicas actuales radica en el uso de la piel de borrego como el único adorno permitido a los templarios, así como el requerimiento por parte de su regla de que debían vestirse con ceñidos pantalones de montar de piel de borrego debajo de la ropa, mismos que debían usar en todo momento como signo de inocencia y castidad Pensar en algo así en esta época de higiene personal es alarmante, pero estos caballeros tan conscientes ni siquiera se quitaban los pantalones para bañarse Después de algunos días, por no mencionar las muchas décadas que pasaron bajo el sol del desierto, ¡su castidad debe haber estado más que garantizada! Aunque los francmasones de hoy no usan semejantes atavíos, sí visten mandiles blancos hechos de piel de borrego durante las reuniones en las logias, los cuales son la insignia de la inocencia y el emblema de la amistad, según se nos dijo.
Hubo otra similitud que nos pareció un indicador de una posible conexión con los templarios. Encontramos que la Beausant, la bandera de batalla templaría, consistía de dos bloques verticales, uno blanco y el otro negro; que el negro simboliza el mundo del pecado que el caballero templario ha dejado atrás para integrarse a la orden, y el blanco, el movimiento de la oscuridad a la luz. La logia francmasona contemporánea siempre despliega en su centro un diseño de cuadros blancos y negros y en las reuniones de las logias cada uno de los hermanos viste camisa blanca con corbata y traje negros, de no hacerlo así, no se les admitiría por no estar ataviados de manera apropiada.
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Nadie ha sido capaz de explicar por qué los francmasones usan piel de borrego y los colores blanco y negro para considerarse vestidos con propiedad. La única razón que se ofrece es que nuestros antiguos hermanos siempre vistieron de esa manera.
Si bien podríamos establecer numerosos paralelismos, no buscamos hacer mucho hincapié en estas similitudes, ya que deseábamos estar seguros de no empezar a ver lo que queríamos ver. Estas poderosas coincidencias eran piezas circunstanciales de evidencia, pero nutrieron nuestro entusiasmo para explorar de manera más detallada las conexiones entre ambas órdenes. Para entonces nos planteábamos una pregunta imperiosa:
¿Qué fue lo que los caballeros templarios hallaron que influyó tanto en su desarrollo?
CONCLUSIÓN
Ahora sabemos que los templarios excavaron en forma amplia las ruinas del Templo de Herodes y que el derrumbe de la orden fue el resultado de acusaciones de herejía. Si es que los templarios sustentaban creencias herejes y llevaban a cabo extraños rituales, pareciera una posibilidad real el que esto se haya originado debido al hallazgo de uno o varios documentos. De haber encontrado estos caballeros del siglo XII cualquier tipo de texto antiguo, pudieron haberse encontrado en una posición casi única en aquel momento para interpretarlo y apreciarlo.
En tanto se cree que los caballeros eran iletrados, sus clérigos podían leer y escribir en varios idiomas y eran famosos por sus habilidades para crear y descifrar códigos. Nos abocamos a seguir este camino como nuestra mejor alternativa, sin pensar que la evidencia de los hallazgos templarios estaba casi bajo nuestras narices en el ritual del grado masónico por el que ninguno de nosotros había pasado.
Nadie ha sido capaz de explicar por qué los francmasones usan piel de borrego y los colores blanco y negro para considerarse vestidos con propiedad. La única razón que se ofrece es que nuestros antiguos hermanos siempre vistieron de esa manera.
Si bien podríamos establecer numerosos paralelismos, no buscamos hacer mucho hincapié en estas similitudes, ya que deseábamos estar seguros de no empezar a ver lo que queríamos ver. Estas poderosas coincidencias eran piezas circunstanciales de evidencia, pero nutrieron nuestro entusiasmo para explorar de manera más detallada las conexiones entre ambas órdenes. Para entonces nos planteábamos una pregunta imperiosa:
¿Qué fue lo que los caballeros templarios hallaron que influyó tanto en su desarrollo?
CONCLUSIÓN
Ahora sabemos que los templarios excavaron en forma amplia las ruinas del Templo de Herodes y que el derrumbe de la orden fue el resultado de acusaciones de herejía. Si es que los templarios sustentaban creencias herejes y llevaban a cabo extraños rituales, pareciera una posibilidad real el que esto se haya originado debido al hallazgo de uno o varios documentos. De haber encontrado estos caballeros del siglo XII cualquier tipo de texto antiguo, pudieron haberse encontrado en una posición casi única en aquel momento para interpretarlo y apreciarlo.
En tanto se cree que los caballeros eran iletrados, sus clérigos podían leer y escribir en varios idiomas y eran famosos por sus habilidades para crear y descifrar códigos. Nos abocamos a seguir este camino como nuestra mejor alternativa, sin pensar que la evidencia de los hallazgos templarios estaba casi bajo nuestras narices en el ritual del grado masónico por el que ninguno de nosotros había pasado.
baudouin II du bourg



