Wednesday, May 05, 2010

II TIMOTEO 2.-

“Tu púes sufre penalidades, como buen soldado de Jesucristo”.

II Timoteo 2.

Y como soldados de Nuestro Señor sufrimos los bonarios en estos tiempos aciagos al igual que San Francisco.

Francisco desapareció en oscura caverna; la prisión, y sufrió en ella, pero experimentó una transformación de naturaleza psicológica, una profunda revolución espiritual.

El hombre que entró encerrado por su propio padre en la caverna de la prisión no fue el que salió de ella; era tan distinto como si hubiese muerto, como si se hubiese convertido en sombra o en espíritu bienaventurado, y miraba tal como hacemos los bonarios observando el mundo al revés.¿No vivimos cómo acróbatas de Nuestra Señora?.

El Príncipe de Tadmur, como Francisco, sospechó que debe pasar en la oscura celda las horas más negras de su vida. Es cosa cierta que a ambos les llamaron cobardes, hasta ladrones. San Francisco tuvo una conversión, y el Príncipe de Tadmur al igual que San Pablo, derribado súbitamente, tuvo una caída peor, porque su caballo se trata de uno de guerra.

En la prensa, periódicos e Internet buscaron el ridículo del Príncipe. No puedo seguir el trastorno espiritual en la que la humillación completa se convierte en plena felicidad y bienaventuranza después de transmutar una vigilia de nueve días sin tomar alimentos.

Ver el mundo al revés, es observado “boca abajo”, acaso San Pedro viera el mundo cuando le crucifican. Para los iniciados, los soldados de Jesucristo, la prisión, las difamaciones y críticas, son monstruos. Pero estos tienen un sentido, traen un mensaje, y abren las cortinas de Dios.

Porque tan pronto como se vio derribado de su cabalgadura por la , diría, gloriosa difamación, se lanza al ayuno y vigilia como cuando se lanza furioso a la batalla de los enemigos de la Orden.

Creo que nuestro Gran Maestre, el tiempo lo dirá, saldrá de la caverna, transmutado como humanista. Es cierto que sus actos han sido inesperados; es su característica. Pero siempre han sido, y son actos, no explicaciones. Es adalid y defensor de la fraternidad, pero no de la camaradería y sus palmaditas.

Podemos decir que mientras en una corte hay un rey y cien cortesanos, en la Orden Bonaria hay un cortesano entre cien reyes. Y ese es, en verdad nuestro hermano José Manuel Mosquera, es un caballero bonario, porque pese a quien le pese puede expresar su personalidad.

Y después de la Edad Oscura de la cárcel, purgatorio en dónde se purifica como ermitaño en el desierto de la antigua Siria, saldrá renacido.

Puede repugnaros la idea del Imperio, de la caballería, del martirio, podéis sentir una repugnancia sincera y natural ante el concepto de sacrificio que simboliza la cárcel de un inocente.

Pero si es repugnancia inteligente, el punto culminante de la historia es renacer, sin abrumarnos el temor, pues San Francisco fue feliz y supo tolerar con alegría a los locos de Dios, y su trabajo por la Caballería y los necesitados.

Fr+ Rubén García O.B +G.M
Priorato General de Perú.
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