Monday, May 10, 2010

EL EMPÍREO.-

El anillo del Gran Maestre; del Teocrator de Tadmur, está representado por nueve círculos de plata alrededor de otro de oro.

Dios aparece en el cielo de oro, como centro sin expansión de una fuente luminosa infinita, y en torno a él giran los nueve círculos angélicos con una velocidad que disminuye de adentro a fuera, el anillo es denominado Empíreo , representa que Dios es un infinitud envolvente.

Dios es “causa finalis”, causa final del impulso amoroso de todo el Cosmos, y su autoproyección es la mente de la conciencia divina.

Como descendientes de los Fidei de Amore, el Empíreo representa la perfección del número nueve: a Beatriz, que guía a Dante por los nueve cielos que representan la belleza del mundo creado.

Beatriz llega al décimo cielo dorado como consuelo de la filosofía del conocimiento, belleza del entendimiento, y deja a Dante ante las puertas de la divinidad inmóvil, del AMOR divino.

Es la búsqueda de la Orden del Temple, que decía San Bernardo.

“Una vez que el alma a accedido a la facultad de contemplar casa a casa la gloria de Dios, aquella se asimila a El y se transforma al punto de su viva imagen”.

El Empíreo se lleva sobre el dedo corazón, ya que del amor solo halla con dignidad quién compone unas palabras siguiendo los dictados de su corazón.

El mundo se origina porque Dios, que es amor, se proyecta a sí mismo.

El mundo es un espejo de Dios, y en él hunde las raíces de su propia existencia.

¿No será la existencia del BAPHOMET?.

Si definimos la mística bonaria como una visión íntima, que no precisa de imágenes, autosuficiente, comunicación de una experiencia psíquica; de una realidad imaginaria, de un acontecimiento fantástico no demostrable, pero tampoco refutable, la superación de los estrechos límites del hombre constituye la meta última no solo de cualquier credo religioso o filosofía caballeresca.

Creo que el Empíreo es el elemento mágico en dónde se fusionan religión y mística. Uno puede penetrar las más profundas entrañas de una caverna oscura y luego emerger a la LUZ más sublime como reflejo divino.

¡Y que mayor brillo que el resplandor en una negrura existencial!.

El Príncipe de Septimio-Bathzabbay el Tadmur.
Gran Maestre de la O.B.

Extracto del libro, “Gritos al silencio, filosofía de un Caballero Bonario”.