El día 8 de Enero de 2.007, para festejar el IXº Aniversario de S.A.B.R.I. Kyrios Yosephos Emmanouél IIIº O.S+G, Mégalogennêtos Kyrios Basileus Basilión, Jefe Dinástico de la Dinastía Isaúrica de los Septimio-Bahtzabbay el Tadmur, se realizará la Exposición Audiovisual, "ORIENTE DE LOS SEPTIMIO-BAHTABBAY EL TADMUR". Podrán verse intesantes cuadros, así como breves cuentos, que han formado parte de la enseñanza de los Príncipes de la Dinastía,en la figura de Odenato II Augusto. Este Basileus, en las tradiciones de la Casa, siempre ha sido considerado un místico, un sa
bio, y por algunos, un gran humorista de la realidad humana.
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bio, y por algunos, un gran humorista de la realidad humana..
EL MÍSTICO.
- Tú eres un gran místico -le dijo uno de sus nobles a Odenato, Basileus de Tadmur-, y sin duda sabrás por qué los hombres siguen sendas diferentes a lo largo de su vida, en vez de seguir todos una única senda.
- Sencillo -contestó Odenato-. Si todo el mundo siguiera la misma senda, todos acabaríamos en el mismo lugar; el mundo, perdido el equilibrio, se inclinaría, y todos nos caeríamos al océano.
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- Tú eres un gran místico -le dijo uno de sus nobles a Odenato, Basileus de Tadmur-, y sin duda sabrás por qué los hombres siguen sendas diferentes a lo largo de su vida, en vez de seguir todos una única senda.
- Sencillo -contestó Odenato-. Si todo el mundo siguiera la misma senda, todos acabaríamos en el mismo lugar; el mundo, perdido el equilibrio, se inclinaría, y todos nos caeríamos al océano.
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EL DOMADOR
Odenato estaba echando puñados de migajas alrededor de su Palacio.
Alguien le preguntó: -¿Qué está haciendo Majestad?
- Mantengo alejados a los tigres.
- Pero si en estos lugares no hay tigres.
- Así es. Es efectivo, ¿verdad?
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Odenato estaba echando puñados de migajas alrededor de su Palacio.
Alguien le preguntó: -¿Qué está haciendo Majestad?
- Mantengo alejados a los tigres.
- Pero si en estos lugares no hay tigres.
- Así es. Es efectivo, ¿verdad?
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EL MANTO IMPERIAL.
Al oír un tremendo ruido, la Basilisa corrió hacia el cuarto de aquél.
- No hay por qué preocuparse -dijo Odenato-, es sólo mi manto que se ha caído al suelo.
- ¿Qué? ¿Y es eso que provocó semejante ruido?
- Así es. Lo que pasa es que yo estaba dentro de él cuando se cayó.
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Al oír un tremendo ruido, la Basilisa corrió hacia el cuarto de aquél.
- No hay por qué preocuparse -dijo Odenato-, es sólo mi manto que se ha caído al suelo.
- ¿Qué? ¿Y es eso que provocó semejante ruido?
- Así es. Lo que pasa es que yo estaba dentro de él cuando se cayó.
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LA JUSTICIA
Un día, el juez pidió a Odenato justicia para resolver un problema legal.
- ¿Majestad, cómo me sugeririáis que castigue a un difamador?
- Córtales las orejas a todos los que escuchan sus mentiras -replicó el Basileus.
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Un día, el juez pidió a Odenato justicia para resolver un problema legal.
- ¿Majestad, cómo me sugeririáis que castigue a un difamador?
- Córtales las orejas a todos los que escuchan sus mentiras -replicó el Basileus.
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LA PALABRA
- ¿Qué edad tiene Majestad?
- Cuarenta años
- Pero eso mismo dijo la última vez que se lo pregunté,
hace ya dos años.
- Si; siempre mantengo lo que digo.
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Un general de Odenato fue a visitarlo.
Majestad, necesito que me preste un caballo."
- "Lo lamento -dijo el Basileus-, pero ya lo he prestado."
No bien terminó de hablar, el caballo relinchó. El sonido provenía del establo de Basileus.
- "Pero, Majestad, puedo oír al caballo que relincha ahí dentro."
Mientras mandaba que lo echaran de palacio, Odenato replicó con dignidad: "Un hombre que cree en la palabra de un caballo más que en la de su Rey no merece que le preste nada"
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- ¿Qué edad tiene Majestad?
- Cuarenta años
- Pero eso mismo dijo la última vez que se lo pregunté,
hace ya dos años.
- Si; siempre mantengo lo que digo.
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Un general de Odenato fue a visitarlo.
Majestad, necesito que me preste un caballo."
- "Lo lamento -dijo el Basileus-, pero ya lo he prestado."
No bien terminó de hablar, el caballo relinchó. El sonido provenía del establo de Basileus.
- "Pero, Majestad, puedo oír al caballo que relincha ahí dentro."
Mientras mandaba que lo echaran de palacio, Odenato replicó con dignidad: "Un hombre que cree en la palabra de un caballo más que en la de su Rey no merece que le preste nada"
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EL MISTICO II.
- ¿Por qué, Majestad, siendo tan místico, no invierte tiempo en la práctica de formas de pensamiento más elevadas con el fin de mejorarse a si mismo?
- Por la misma razón por la cual los leones no cazan peces.
- Ah, ¿Se refiere a que no está equipado para ello?
- No, sólo me refiero a que todavía no me he decidido a hacerlo.
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- ¿Por qué, Majestad, siendo tan místico, no invierte tiempo en la práctica de formas de pensamiento más elevadas con el fin de mejorarse a si mismo?
- Por la misma razón por la cual los leones no cazan peces.
- Ah, ¿Se refiere a que no está equipado para ello?
- No, sólo me refiero a que todavía no me he decidido a hacerlo.
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EL FIN DEL MUNDO
- ¿Cuándo llegará el fin del mundo, Majestad?
- ¿Cuál fin del mundo?
- Bueno, ¿cuántos hay?
- Dos, el mayor y el menor. Si muere mi mujer, ése es el menor fin del mundo. Pero si muero yo, ése es el mayor fin del mundo.
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- ¿Cuándo llegará el fin del mundo, Majestad?
- ¿Cuál fin del mundo?
- Bueno, ¿cuántos hay?
- Dos, el mayor y el menor. Si muere mi mujer, ése es el menor fin del mundo. Pero si muero yo, ése es el mayor fin del mundo.
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LA VOLUNTAD DEL BASILEUS.
- Hágase la voluntad de Dios -decía un hombre pío acerca de una cosa insustancial.
- En cualquier caso, siempre se hace -dijo Odenato.
- ¿Cómo puede demostrarlo, Majestad?
- Es bastante fácil. Si no estuviera haciéndose siempre, seguro que entonces, en un momento u otro, se haría mi voluntad, ¿o no?
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Y PARA FINALIZAR UNA ANÉCDOTA, DEL BISABUELO DEL PRINCIPE, SMRI. KYRIOS MANUEL.
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- Tienen una interesante costumbre en Inglaterra -dijo el Príncipe-, y me gustaría copiarla.
- ¿Qué costumbre es esa?
- Los hombres de negocios se llevan a sus secretarias a París y fingen que son sus esposas.
- ¡Pero si Vos no tenéis secretaria!
- He pensado en eso. Lo único que tengo que hacer es llevar a mi mujer a París y decir que es mi secretaria.
- Hágase la voluntad de Dios -decía un hombre pío acerca de una cosa insustancial.
- En cualquier caso, siempre se hace -dijo Odenato.
- ¿Cómo puede demostrarlo, Majestad?
- Es bastante fácil. Si no estuviera haciéndose siempre, seguro que entonces, en un momento u otro, se haría mi voluntad, ¿o no?
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Y PARA FINALIZAR UNA ANÉCDOTA, DEL BISABUELO DEL PRINCIPE, SMRI. KYRIOS MANUEL.
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- Tienen una interesante costumbre en Inglaterra -dijo el Príncipe-, y me gustaría copiarla.
- ¿Qué costumbre es esa?
- Los hombres de negocios se llevan a sus secretarias a París y fingen que son sus esposas.
- ¡Pero si Vos no tenéis secretaria!
- He pensado en eso. Lo único que tengo que hacer es llevar a mi mujer a París y decir que es mi secretaria.



